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Venezuela: “Realismo” y Apetito Neo-Colonial Antes Que Derecho

  • Foto del escritor: Alejandro Deustua
    Alejandro Deustua
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

3 de enero de 2026



La confrontación entre lo correcto y lo necesario en el intento de salvaguardar un derecho fundamental es un dilema realista que no encuentra aún definitiva solución jurídica, confronta la moral pública y tiende a resolverse de acuerdo al poder de quien se encuentre en ese disparadero.


En este marco, Estados Unidos no ha hecho lo correcto al privar, por la fuerza, a un dictador como Maduro de su patológico abuso de los ciudadanos venezolanos. Pero ha hecho lo necesario para, en apariencia, cancelar esa perversión.


En efecto, si el derecho internacional protege los principios de soberanía e integridad territorial de los estados y no establece similar cautela en relación a los valores democráticos y derechos ciudadanos, la remoción de un dictador por una potencia externa tiende a constituir un acto de agresión (la doctrina de “responsabilidad de proteger” ha sido ilegitimada). El derecho colectivo, como norma comunitaria, se impone en este caso sobre el derecho de las personas a pesar de la jerarquía que ha alcanzado la normativa sobre los derechos humanos.


Pero el presidente Trump no ha obrado en Venezuela planteándose este dilema sino lo que conviene a su particular visión política (America First y una descabellada nueva versión de la Doctrina Monroe según sus propias declaraciones) y los múltiples propósitos de la inmensa fuerza de tareas desplegada en el Caribe (que buscará otros objetivos).


En ningún momento de la conferencia de prensa presidencial organizada para explicar la intervención norteamericana la preocupación por la democracia venezolana y la estabilidad regional pasó de ser una mención circunstancial. En lugar de ello el presidente destacó la excelencia militar de la operación, la dimensión superior del poder norteamericano y la preeminencia de su interés neo-colonial. Peor aún, su argumentación pareció errada.


En efecto, el elogio de la precisión y planificación de la “extracción” de Maduro sólo pudo defenderse hasta que la Vice-presidenta de Venezuela Delcy Rodríguez apareció en televisión apañada por la cúpula del “madurismo” para reclamar por la situación. Como dijo alguien, el dictador fue secuestrado pero la dictadura pareció intacta. La “segunda ola” de fuerza militar para terminar la tarea, descartada por innecesaria, sería requerida ahora salvo que una negociación surja para terminar con la operación.


Los términos de esa negociación, que implicaban para las autoridades norteamericanas, la disposición cooperativa de Rodríguez, han cambiado. La supuesta colaboracionista habría devenido en contestataria mientras que la total exclusión de los llamados a gobernar (el presidente electo Edmundo González y la lideresa de la oposición, María Corina Machado, plena de legitimidad al haber logrado el 64% de los votos para González en 2024 y haber recibido el Premio Nóbel de la Paz) fueron autoritariamente descalificados. El que debió ser también un objetivo político de la operación fue, en consecuencia, enturbiado.


Por lo demás, la calificación de la operación como la de mayor éxito “desde la Segunda Guerra Mundial” y su comparación con la operación “Martillo de Medianoche” (que, luego de un vuelo transatlántico, golpeó casi milimétricamente la infraestructura nuclear iraní) revela cuán desmesurado puede ser el mando civil norteamericano al margen de sus muy hábiles operadores militares.


Sin percibir este defecto, el presidente Trump pasó a anunciar la vocación neo-colonial de la operación: su gobierno se haría cargo del gobierno de Venezuela hasta nuevo aviso, de reponer -a través de grandes corporaciones- su infraestructura petrolera, resarcirse de antiguas expropiaciones y de comercializar el crudo para satisfacción propia (a compartir con los venezolanos). Un gran negocio (como “el de la vida”) estaba en marcha.


A ello se procedió sin la consulta con el Congreso como lo manda la ley norteamericana y en nombre de del lema partidario America First y del inaceptable corolario Trump de la Doctrina Monroe.


Varios de los integrantes democráticos de América Latina, que sobre esta operación se ha mostrado adicionalmente divididos, podrían contribuir a que el descabezamiento de la dictadura venezolana sea una realidad efectiva siempre que éste conduzca al restablecimiento, en el más breve plazo, del gobierno democrático teniendo en cuenta que ya se han realizado todos los esfuerzos jurídicos y diplomáticos para lograr la transición por medios pacíficos.

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