• Alejandro Deustua

Un Nuevo Mecanismo Latinoamericano

Teniendo en cuenta la tradición política de despilfarro latinoamericanista y la realidad global del regionalismo comercial, la CELAC es una buena idea funcional basada en el mito de la comunidad histórica.


En efecto, a la luz de la extraordinaria fecundidad de los organismos políticos latinoamericanos, la CELAC parece una buena síntesis operativa del Grupo de Río y la fantasmal CALC. La economía de esfuerzos multilaterales parece hoy razonable aunque lo que se consolida, habiendo siendo necesario, haya sido también ineficaz y excesivo: el Grupo de Río deja una agenda kilométrica y retórica, una capacidad de realización superada por el barroquismo de sus acuerdos y un foro que cumplió con las formas pero no con las capacidades de interlocución eficaz. Si ésta es una sobresimplificación lo es en proporción inversa al sobredimensionamiento “político-diplomático” del inicial G8.


Sin embargo, un foro político latinoamericano es imprescindible. Pero si a él se agrega el Caribe, cuyo voto tiende a alinearse con comunidades extraregionales, el foro sigue siendo útil pero no esencial. Y si de ese foro se resta explícitamente su interlocución hemisférica, va apareciendo un sesgo tan sectario como inconveniente.


En ese contexto impreciso la mayor virtud de la CELAC es el énfasis en la flexibilidad teniendo en cuenta la pluralidad ideológica de su membresía. Pero la declarativa “unidad en la diversidad” será una cualidad siempre que se descarte la prioridad del multiculturalismo (que elimina la esencial dimensión mestiza de la región), de la plurinacionalidad (que atenta, en formato nativista, contra el Estado nacional establecido), del mito de la unidad histórica basada en el bolivarianismo y de la pretensión hegemónica.


Lamentablemente esto hace y a eso se presta la CELAC eludiendo la responsabilidad de formar un sistema moderno y eficaz, diluyendo la necesidad de mejorar la inserción latinoamericana y trabando su Plan de Acción que plantea, en fase primarísima, asuntos imprescindibles como la confrontación de la crisis, la convergencia de los procesos de integración, la cooperación energética o la inclusión social. En ese marco, la más consensuada Alianza del Pacífico (Perú, Chile, Colombia y México) merece un mejor saludo estratégico.


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