• Alejandro Deustua

Un “Faro” en el Mar Negro

24 de julio de 2022


Un extraordinario acuerdo ha sido suscrito este viernes en Estambul. Representantes de Ucrania y Rusia se han comprometido a facilitar el acceso a los depósitos ucranianos de granos y permitir su exportación mientras que las sanciones que afectan la exportación rusa de productos agropecuarios y de fertilizantes deberán evaluarse para ser levantadas.


Con ello los beligerantes dan cuenta de su responsabilidad en la solución de una crisis alimentaria que han contribuido a generar, las Naciones Unidas muestra que aún desempeña un concreto e imprescindible rol en la asistencia a la comunidad internacional (aunque no pueda aún atenuar el conflicto ruso-ucraniano) y un tercero -Turquía- revela que la intermediación de una potencia emergente estratégicamente ubicada en el escenario bélico puede hacer algo más que el Consejo de Seguridad en la mitigación de los efectos del conflicto.


El acuerdo contribuirá fuertemente a aliviar la situación de extrema gravedad de 50 millones de personas (especialmente en el Cuerno de África) que forman parte de los 848 millones que padecen hambre en el mundo. Y a bajar los precios de los alimentos cuyos niveles se encuentran 40% por encima de los de la preguerra (aunque ya han caído 6%) (TE) además de aliviar el acceso a fertilizantes rusos si se minimiza el impacto de las sanciones que los afectan (TASS).

Aunque las partes lo niegan y los bombardeos sobre Odesa al día siguiente de la firma de los documentos no son buena señal de cumplimiento, estos acuerdos podrían además facilitar otros de naturaleza concreta que pudieran aliviar el impacto de la guerra.


Pero este punto de partida (un “faro de luz” según el Secretario General de la ONU Antonio Guterres) no atañe sólo a la posibilidad de acuerdos complementarios sino a los que acaban de firmarse considerando que su desarrollo aún es incierto.


Para empezar Ucrania y Rusia no han suscrito acuerdo alguno entre ellos sino que se han comprometido, mediante sendos documentos, con la ONU a proceder en la materia. Ello revela extraordinaria desconfianza entre los negociadores (que los misiles que han golpeado Odesa confirma) a pesar de la alta investidura de las partes (los ministros de Infraestructura y de Defensa ucraniano y ruso, respectivamente).


Y si bien los puertos necesarios han sido designados (Odesa, Chernomorsk y Yuzhny sobre el mar Negro), el corredor humanitario de salida e ingreso ha sido pactado, un centro de coordinación “conjunto” (que supervisará el transporte y la inspección de la carga) ha sido establecido y se ha aceptado que sean prácticos ucranianos los conduzcan los barcos a través de aguas territoriales, aún no se han definido las coordenadas del corredor ni su anchura, ni la nacionalidad de la escolta de los cargueros ni la tareas necesarias para el desminado marítimo.


Precisar estos asuntos pendientes es tan imprescindible como urgente porque los silos ucranianos contienen un volumen importante de granos que, de no llegar al mercado, deberán eliminarse para hacer sitio a una nueva cosecha.


Si bien estos acuerdos deben recibir el apoyo expreso de la comunidad internacional y la exigencia multilateral de su cumplimiento, no es posible derivar de ellos un horizonte de paz en el área. Lo posible ahora es continuar impulsando a los beligerante a que procedan en la tarea de seguir reduciendo el ámbito de impacto global de la guerra.


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