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Ucrania: Paz Incierta y Complicación Europea

  • Foto del escritor: Alejandro Deustua
    Alejandro Deustua
  • hace 7 días
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 días

30 de diciembre de 2025



El 2026 se iniciará con la posibilidad de que la guerra generada por la invasión rusa de Ucrania concluya con un acuerdo de paz según los presidentes Trump y Zelensky. La probabilidad de que ello ocurra es alta se ha dicho.


Sin embargo, el progreso sobre los elementos de un acuerdo para discutirse con Rusia (y con los países europeos) no parece aún real. En efecto, si aspectos sustanciales de ese acuerdo no han sido precisados (p.e. los territorios ucranianos que serían cedidos, la consulta ciudadana requerida, las garantías de seguridad creíbles que deben prestar europeos y norteamericanos), debe suponerse que el avance es bastante menor. En cambio las premisas del mismo sí parecen clarificarse: Ucrania perdería la guerra, Rusia lograría buena parte de sus objetivos territoriales y Europa confirmará que sus fronteras orientales estarán bajo presión a ser militarmente contenida.


Ello implica que si bien la violencia del conflicto actual sería neutralizada, la inestabilidad en el corazón de Occidente se mantendrá. Una manera de disminuirla sería el fortalecimiento de los países europeos, la recuperación de Ucrania, su integración a la Unión Europea (no a la OTAN, opción ya depuesta) y la renovación de la interacción funcional de Rusia con Europa. Estos factores son, sin embargo, imponderables a la luz de las reparaciones de guerra exigibles y de las cargas de la reconstrucción ucraniana.


La magnitud de recursos europeos para afrontar este nuevo horizonte será extraordinaria. Especialmente si Estados Unidos ya derivó la mayor responsabilidad económica y de seguridad a Europa que deberá incrementar sustancialmente sus gastos de defensa mientras la primera potencia se resarce en Ucrania explotando, bajo contrato, tierras raras.


Además la Unión Europea deberá dedicar recursos adicionales al fortalecimiento de su competitividad y a perfeccionar el mercado interno en medio de fuertes presiones nacionalistas mientras las economías nacionales se recuperan y procuran superar obstáculos a su muy bajo crecimiento. Por lo demás, la diversificación de su comercio exterior luego del shock arancelario impuesto por Estados Unidos, es hoy obstaculizada hoy por requerimientos sectoriales internos (p.e. el agropecuario en el caso del moroso acuerdo con el Mercosur) y los provenientes de su relación con China.


En este marco, las posibilidades de que el Perú se vea afectado por ese proceso no son bajas. El peligro mayor es nuestra pérdida de arraigo occidental si un pilar civilizacional se debilita y se incrementa el costo del cambio del sistema internacional. Otro más concreto es un eventual deterioro de la demanda de importaciones por nuestro tercer socio comercial. Ello disminuiría los términos del intercambio esenciales para nuestro crecimiento.


Teniendo en cuenta la erosión esperada del dinamismo del comercio internacional, es necesario asegurar los mercados europeos, diversificar exportaciones y reafirmar nuestra identidad occidental.


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