• Alejandro Deustua

Tillerson

En momentos de acelerado cambio en el sistema internacional y escasa presencia de Estados Unidos en la región, la visita del Secretario de Estado Tillerson a cuatros socios del área satisface inicialmente una necesidad hemisférica.


En efecto, en el marco de potencias cada vez más desafiantes, América Latina parece hoy más necesaria para Estados Unidos.


Y nuestra región requiere hoy de un mejor arraigo occidental para optimizar su inserción externa. Especialmente cuando la convergencia en el área es frustrada por dictaduras bolivarianas reduciéndose a alternativas subregionales.


Bien distante del lenguaje hostil y excluyente del Presidente Trump, el Secretario Tillerson ha llegado a la región con una visión orgánica basada en la historia y articulada en una tríada política que espera compartir.


Esa visión, expuesta en Texas, se organiza en torno a un panamericanismo que rememora la zona de influencia y que contrasta con la opción latinoamericana de tratar con múltiples centros de poder.


Aunque ambas perspectivas se asientan en valores comunes, aquéllos siguen siendo insuficientes para actuar cooperativa y eficazmente en el siglo XXI.


Al respecto Clinton propuso un remedio con el ALCA que Lula, Chávez y el Socialismo del Siglo XXI destrozaron. Bush “securitizó” la agenda pero ayudó a concretar la Carta Democrática. Y Obama optó por una insubstancial “asociación entre iguales”. El remedio para la acción hemisférica después del fin de la Guerra Fría y del momento unipolar se agrió.


Y hoy Trump sólo niega. Pero el exégeta Tillerson, que habla bajo y no trae garrote, desea plantear agenda: crecimiento económico, seguridad y gobernabilidad democrática.


Sobre lo primero ha destacado, increíblemente, las bondades de los acuerdos de libre comercio suscritos con países del área incluyendo la modernización del NAFTA. Y también una asociación energética que haría del Hemisferio el núcleo de referencia hacia el 2040.


En seguridad Tillerson entiende que las organizaciones criminales trasnacionales son en la región la principal amenaza. Este enfoque trasnacional se enmarca, sin embargo, en un cambio estratégico fundamental: la amenaza principal para Estados Unidos ya no es el terrorismo global sino Estados como China y Rusia que compiten por influencia con la primera potencia.


En efecto, en el escenario latinoamericano el Secretario de Estado ha llamado la atención sobre los riesgos de la creciente presencia china y sobre de sus características estatistas además de la voluntad rusa de reposicionarse militarmente en la zona.


En cuanto a la gobernanza democrática, la conducta autodestructiva y desestabilizadora de Venezuela (que debe ser reorientada hacia la democracia) y la persistente claustrofilia de Cuba (que debe atender mejor a su pueblo) son parte del mismo problema. La otra amenaza es la corrupción que se debatirá en la Cumbre de las Américas.


Tillerson ha traído agenda. Los latinoamericanos liberales deben plantear la suya para cooperar con eficacia.


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