• Alejandro Deustua

Sinergias Sin UNASUR

Suramérica está hoy incapacitada para generar respuestas colectivas a los intensos cambios de estructura y de balance poder internacionales debido a la disfunción ideológica y ahora, a la parálisis de su foro político: el turbio Unasur.


En efecto, los Estados del área no tienen ya capacidad de articularse siquiera tácticamente frente a crisis externas. Al cabo de dos décadas de frustrada convergencia regional, serán los Estados nacionales los que respondan; o, en el mejor de los casos, las asociaciones de grupos de países que comparten fundamentos políticos.


Pruebas al canto: como si no bastase la esterilizante confrontación entre liberales y socialistas en Unasur, ahora esa entidad tiende a su desaparición. Perdido el dominio, los miembros del ALBA prefieren bloquear una elección dirigencial sólo porque el único candidato no pertenece a sus filas.


En esa atmósfera autodestructiva los miembros más irracionales de esa entidad tenderán a alinearse con fuerzas que no controlan pero que están en el corazón de crecientes conflictos extra regionales mientras algunos pocos Estados “sensatos” procurarán mejor cobijo.


De esta alternativa entre la irracionalidad y la pasividad deberán escapar estos últimos.


Para hacerlo tienen hoy dos opciones. Primero, pasar de las declaraciones a la acción en el ámbito del Grupo de Lima para combatir la dictadura venezolana. Segundo, realizar un diagnóstico adecuado de la crisis sistémica que los envuelve y plantear resguardos y mínimas líneas de acción.


En relación a lo primero, los Estados “sensatos” debieran implementar eficazmente el “último llamado” hecho por el Grupo de Lima al dictador Maduro para que suspenda las elecciones del próximo 20 de mayo por ilegítimas. A tales efectos, ese Comunicado debe entenderse como un ultimátum, no como como una simple referencia cronológica a esa elección.


De no actuar mediante la imposición de medidas eficaces a ese régimen dictatorial e insistir sólo en formalidades diplomáticas, los “sensatos” dentro del Grupo de Lima reiterarán la infértil apatía que mostraron en Unasur.


Y en relación a los desafíos sistémicos esos Estados debieran primero calibrar bien el escalamiento del conflicto en Medio Oriente que ha añadido a la guerra siria, el eventual retorno de Irán al armamentismo nuclear y a los palestinos a la posible intifada por la acción unilateral de Estados Unidos (el retiro del acuerdo nuclear del P5+1 con Irán y el traslado de la embajada a Jerusalén). Los “sensatos” deben evaluar los hechos crudos, identificar el impacto económico y estratégico, evitar los alineamientos automáticos y plantear un rol multilateral consistente.


Por lo demás, bien harían en no insistir en dar crédito anticipado a la oferta de rendición del dictador norcoreano cuando éste da señas de remanencia nuclear y Estados Unidos no tiene certeza del alcance y condición de la oferta ni lo que hará concretamente al respecto.


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