Occidente: Renovación Estratégica
- Alejandro Deustua

- hace 4 días
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16 de febrero de 2026
La Conferencia de Seguridad de Munich (evento privado anual donde, eventualmente, se anuncian propuestas estratégicas fundamentales), se acaba de realizar en torno al proceso de destrucción del orden internacional. El Canciller alemán Merz extremó el planteamiento: el orden internacional ha dejado de existir
El Secretario de Estado Rubio, luego de un año de hostigamiento antieuropeo en un rango que cubre la coerción arancelaria, el menosprecio de las instituciones de la Unión Europea (UE) y el expansionismo sobre Groenlandia, no estuvo de acuerdo: las instituciones del orden internacional deben reformarse en lugar de destruirse y la alianza atlántica debe modernizarse basada en estados fuertes. El planteamiento pareció más bien táctico: superar la desconfianza europea sobre la filiación norteamericana con la OTAN y sus países miembros era fundamental. Al respecto Rubio planteó la construcción de una “nueva era de prosperidad” junto con Europa y la reafirmación de Occidente como la “mayor civilización de la historia”.
Sin embargo, el Secretario de Estado reiteró lacerantes impugnaciones: es necesario superar la tendencia europea de “cancelación civilizacional” y corregir las patologías de la post-Guerra Fría (cesión de soberanía, debilitamiento de fronteras, desindustrialización, permisividad migratoria). Europa debe empeñarse en esa corrección sin sentido de culpa (quizás una alusión a Alemania) mientras que el orden internacional no debe privilegiar normas que postergan el interés nacional (como si Estados Unidos no hubiera ligado el orden normativo de 1945 a intereses primarios del momento).
La propuesta se enmarcó en terciopelo oratorio: el elogio de las calidades históricas, religiosas, innovadoras y culturales de Occidente (olvidando, sin embargo, sus valores fundamentales) y la filiación histórica entre Estados Unidos y la OTAN. El discurso fue recibido con “alivio” por los europeos antes de que el Secretario de Estado visitara Budapest y Bratislava para apoyar electoralmente a sus más conservadoras autoridades.
Al cabo, el Canciller Merz ya había expresado su diagnóstico: “políticas de poder” entre grandes potencias han quebrado el orden internacional. Reconocer esta “nueva etapa” sistémica es un requerimiento indispensable. En el marco europeo Alemania y sus fundamentos de libertad y democracia procedería a reorganizarse de acuerdo a su constitución, historia y geografía. Al respecto tenía claro que el liderazgo norteamericano está condicionado por el progresivo desafío chino y sus políticas de “paciencia estratégica” mientras la relación con Rusia está signada por el “revisionismo violento”. El carácter de esas políticas es peligroso para las medianas y pequeñas potencias.
Para actuar Alemania debería confrontar un pasado de “superávit normativo” y cerrar la brecha entre capacidades y prudente poder efectivo en el marco de la asociación europea. Ello resultaría en un pilar europeo de la OTAN más potente y competitivo y se expresaría en intensa cooperación de la UE con Ucrania y en la diversificación de sus relaciones (p.e. India, MERCOSUR). Y la relación con Estados Unidos se fortalecería teniendo en cuenta que la OTAN es una “ventaja competitiva” para norteamericanos y europeos. Ésta requiere restauración de confianza y tener en cuenta que la cultura MAGA no es bienvenida en Europa.
La presidenta de la Comisión de la UE, señora Von der Leyen, complementó el diagnóstico de Merz: la Unión Europea está siendo agredida desde dentro (guerra híbrida) y desde fuera (Rusia). Además del incremento del gasto en defensa (que ya supera en 80% al realizado antes de la invasión rusa), la UE requiere de mayor independencia y cooperación. Al respecto ampliaría la asociación con países occidentales no miembros de la UE a otro rango de países (una oportunidad que los andinos y no sólo el MERCOSUR deben aprovechar).
A esa dimensión cuantitativa de la seguridad europea, el presidente Macron añadió una aspiración gaullista y una demanda actual: la Unión Europea debe devenir en una “potencia geopolítica”. Asentada en la exitosa configuración de Europa como “construcción política radical” (una referencia compleja a lo que Rubio había referido como “abstracciones”), Europa debe procurar la influencia que le corresponde. Empezando por su prioridad continental: no habrá paz en Ucrania sin su participación. Europa no es sólo el primer proveedor de asistencia a ese aliado sino que a ella le corresponde definir la arquitectura de seguridad de la postguerra ucraniana (incluida la nuclear).
Para potenciar ese esfuerzo, el Primer Ministro británico, Sr. Starmer, destacó la necesidad de incrementar la capacidad industrial y de defensa europeas teniendo en cuenta el “apetito de agresión” ruso. Si éste puede manifestarse sobre Europa en algún momento no lejano, la lenta reacción ocurrida en los años 30 del siglo XX no debe repetirse. El momento actual presenta una “oportunidad” para responder al desafío de seguridad.
En ese contexto de renovación estratégica europea, el Perú debe plantear un nuevo arraigo en Occidente. Al respecto, no puede limitarse a pretender un imposible equilibrio perfecto entre Estados Unidos y China ni insistir en una neutralidad inmatizada con ese principal aliado ruso. Y tampoco debe continuar consagrando autoridades incapaces.





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