Occidente: Corrientes Encontradas
- Alejandro Deustua

- hace 5 días
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 2 días
19 de enero de 2026
Dos corrientes geopolíticas opuestas cortaron Occidente la semana pasada. La primera, de esencia liberal, vinculó el Atlántico norte y sur para formalizar un acuerdo de asociación entre la Unión Europea y el MERCOSUR. La segunda, de esencia imperial comandada por Estados Unidos, fracturó el Atlántico norte, amenazando con medidas arancelarias contra los aliados de la OTAN desplegados en Groenlandia en solidaridad con ese gobierno y el de Dinamarca y para fortalecer la defensa del Ártico.
Así, mientras el fundamento occidental de Suramérica se vigorizaba sustancialmente, la principal alianza militar de Occidente se debilitaba arriesgando su fragmentación.
En efecto, en Asunción los presidentes de los países del MERCOSUR (y el Canciller de Brasil) y los del Consejo y la Comisión europeos suscribieron, luego de un cuarto de siglo de negociaciones discontinuas, un acuerdo de libre comercio apuntalado por un pilar político y otro de cooperación. Además, firmaron un acuerdo interino que cubrirá el comercio hasta que el acuerdo principal entre en vigor.
El acuerdo (que crea una de las zonas de las mayores zonas de libre comercio del mundo cubriendo un mercado de más de 700 millones de personas), incrementará sustancialmente los flujos de comercio interregional (US$ 135 mil millones anuales) y de inversiones (el stock de FDI de la Unión Europea en el MERCOSUR es hoy de alrededor de US$ 400 mil millones -Banco Santander-).
Su marco compromete la plena desgravación arancelaria para 92% de las exportaciones del MERCOSUR y 91% de las de la Unión Europea. Alrededor del 7% restante (que abarca productos sensibles) será sometido a cuotas en un marco de acceso preferencial. La desgravación será asimétrica (más rápida para las exportaciones mercosureñas que para las europeas), abarcando plazos más extensos para los productos más sensibles (10/15 años) e incluyendo medidas temporales de salvaguardia si hubiera alteraciones perjudiciales en ciertos sectores. La masa crítica de desgravación inmediata abarcaría entre 60% y 70% de los productos.
El acuerdo incluye también el comercio de servicios además de capítulos de inversiones, compras gubernamentales, transferencia de tecnología, propiedad intelectual y pymes. Y, adicionalmente a las tradicionales normas de origen, incorpora estándares ambientales (probablemente, los más exigentes), laborales, sociales y digitales.
Ell libre comercio en un marco de ordenado plurilateralismo de vocación multilateral, promotor de cadenas de valor y de seguridad económica ha sido así destacado y opuesto al unilateralismo proteccionista que genera incertidumbre y riesgo generalizado.
En tanto la Unión Europea ya ha suscrito acuerdos con países andinos (Perú, Colombia y Ecuador), Chile, México y Centroamérica es evidente la posibilidad de que un eventual mecanismo de convergencia cubra al conjunto de América Latina (salvo Venezuela, Cuba y Nicaragua) en un marco de integración con la Unión Europea. Ello forjaría una zona de libre comercio de alrededor 1150 millones de personas y un PBI “comparable al de Estados Unidos” (Santander). América Latina fortalecería aún más intensamente su inserción en Occidente y mejoraría los términos de su interacción con China disminuyendo sus riesgos.
Ello depende, sin embargo, de que el proceso de ratificación del acuerdo se lleve a cabo con fluidez en ambas partes. Si bien los obstáculos negociadores han sido superados, debe recordarse que la autorización del Consejo Europeo para la suscripción del acuerdo fue rechazada por un grupo de países especialmente opuestos a la liberación del sector agropecuario (Francia, Polonia, Hungría, Irlanda y Austria) sin lograr la minoría calificada para bloquearlo. Aunque el Parlamento Europeo debe ahora ratificar el convenio sólo por mayoría simple no es improbable que los opositores persistan en intentar el bloqueo del proceso antes de repetirse éste en los parlamentos nacionales.
Tal oposición podría, sin embargo, debilitarse a la luz del mayor del requerimiento europeo de diversificación económica derivado del incremental antagonismo norteamericano. Éste se traduce en la decisión de la superpotencia de imponer aranceles coercitivos contra ocho aliados de la OTAN que han desplegado pequeños contingentes de tropas en Groenlandia para subrayar, en el marco de la defensa del Ártico, su apoyo a Dinamarca frente a la ambición expansionista norteamericana de hacerse con el territorio de Groenlandia. Los aranceles coercitivos, adicionales al 15% ya impuesto, serían incrementales añadiendo desde el 10% hasta el 25% en junio y prosiguiendo hasta que “se alcance un acuerdo para la compra completa y total de Groenlandia”.
Los países europeos amenazados consideran respuestas que incluyen el “instrumento anti-coerción” (la “opción bazooka”) diseñado para contestar la agresión económica de terceros (China). El tercero es lamentablemente hoy Estados Unidos con el que la Unión Europea mantiene los mayores lazos comerciales y de inversión en el mundo involucrando aproximadamente al 30% del comercio y 43% de la inversión globales (Eurostat).
En este marco, que implica el riesgo de fractura de la mayor y más exitosa alianza militar en la historia (la OTAN) y de una crisis económica global, las necesidades de diversificación y estabilidad europea y latinoamericanas son evidentes.





Comentarios