• Alejandro Deustua

Israel Debe Defenderse Pero No Escalar Ahora

El derecho de legítima defensa (art. 51 de la carta de la ONU) es ampliamente reconocido por el sistema internacional. Sin embargo su ejercicio es muchas veces tan complejo como el contexto en que se realiza. Éste es el caso de la respuesta israelí al ataque misilero de Hamás al principal centro económico israelí (Tel Aviv) y su capital (Jerusalem).


No respaldar la respuesta proporcional de Israel a un gobierno (el de Gaza) cuya entidad política tutelar (Hamás) no ha se desdicho del propósito de destruir al Estado judío no sólo es antijurídico sino una invitación a la guerra en el área y al incremento de la anarquía internacional.


Sin embargo, el plan israelí de repetir el asalto de Gaza implica un escalamiento que arriesga el involucramiento de vecinos que, bajo democracias en transición (el caso de Egipto), apoyan con mayor intensidad y compromiso hoy la causa palestina, no parece prudente. El escalamiento, por lo demás, sería de momento injustificado cuando una mediación norteamericana y otra de la ONU ha sido puesta en marcha.


De otro lado, un conflicto mayor en el Medio Oriente bajo las actuales circunstancias desatado por apresuramiento o mal cálculo concentraría contra Israel las fuerzas anárquicas desatadas por la “primavera árabe”, arriesgaría la insubordinación de aquellos gobiernos que han guardado una posición ecléctica (p.e. Jordania) y desviaría la atención estratégica sobre la amenaza nuclear iraní.


En otras palabras, la ausencia de balance de poder en la zona debido al cambio de la naturaleza de los Estados del área y de sus respectivos alineamientos, tendería a cuajar de manera infértil pero nueva y mortal en un equilibrio desfavorable a Israel en momentos en que la disuasión convencional es menos verosímil en el área.


Por lo demás, este nuevo balance podría implicar la reaproximación entre el Hamás y Siria, circunstancia que sería aprovechada o estimulada por Irán.


Por ello, salvo que los ataques a Israel se amplíen, se generalicen o la amenaza iraní se materialice, ese Estado debe limitarse a responder al ataque de Hamás sin llevar el conflicto a una invasión abierta mientras que los Estados del área y los que tienen influencia real en ella neutralizan política y militarmente al gobierno de Gaza.


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