• Alejandro Deustua

El Progreso Latinoamericano No es el del Mundo

El 2012 culmina en un lugar común: riesgo e incertidumbre globales sin prospectos de mejora sustancial salvo en el largo plazo.


De un lado la globalización vuelen a toparse con conflictos regionales y las consecuencias nacionales de la crisis económica. Y del otro, la estructura que conforman las grandes potencias continúa debilitándose sin que las potencias emergentes puedan aún establecer un nuevo tipo de orden. Las potencias menores podrán beneficiarse siempre que la debilidad de los mercados internacionales en los que están insertos puede compensarse con el desarrollo de mercados locales abiertos.


En Estados Unidos, la inminencia del abismo fiscal y la saturación de la capacidad de endeudamiento revela algo más que problemas de gobernabilidad económica en la primera potencia: la incapacidad de su clase política para consolidar la recuperación y brindar certidumbre al mundo es una muestra de debilidad y de gran imprudencia.

Ésta se refleja en la disminución de la capacidad norteamericana para actuar decisivamente como factor de equilibrio global y regional.


De otro lado, la crisis europea, pese a mejoras financieras, sigue sin restaurar los fundamentos del más avanzado esquema de integración. Éste ha encontrado en la política de “a más crisis más integración” el iluso aliado de la austeridad que carcome el empleo sin alternativa de corto plazo. El agobio nacional y social que padece Europa concentrado en el Mediterráneo pero visible ya en el centro articulador (Francia y Alemania) no tiene equivalente desde la reconstrucción en la postguerra.


En ese escenario ningún país europeo puede jugar un rol estabilizador importante en el exterior. Ni siquiera en el Norte de África donde la primavera árabe involuciona halada por el islamismo y los conflictos de poder.


Y en el Asia Pacífico un escenario contencioso sigue instalándose mediante la interacción de la emergencia expansiva de China y la conflictividad convencional definida por reclamos territoriales o marítimos. Las leyes del balance de poder son la regla en la sede de las economías de mayor crecimiento en el mundo.


En ese panorama América Latina tiene la oportunidad de mejorar su peso regional si supera el divisionismo del ALBA, si Brasil y Argentina restauran el progreso en el MERCOSUR y si la Alianza del Pacífico complementa su éxito económico con afianzamiento institucional.


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