• Alejandro Deustua

Flexibilidad y Disciplina en Europa

El G8 ha enmarcado, en Camp David, el cambio de consenso necesario para confrontar la crisis económica europea: del énfasis en el ajuste fiscal se ha transitado al énfasis en el crecimiento que haga sustentable la disciplina en la UE. Esta mutación política no deriva de una decisión comunitaria europea sino del proceso electoral en sus miembros. Y también, de la influencia de Estados Unidos y de un contexto global en lenta recuperación que mitiga la contracción de -0.1% que la OECD proyecta para la eurozona este año.


Si la integración implica una transferencia de soberanía y de lealtades ciudadanas a nuevas entidades supranacionales, el cambio de consenso ocurrido en la UE muestra que su nivel de integración no es el que muchos desean ver en la entidad integradora mayor y más importante de la postguerra. Es más, la democracia que felizmente signa el proceso europeo, indica que los ciudadanos expresan intereses diversos que condicionan fuertemente las políticas de los gobiernos mientras que la relación de poder entre los Estados sigue expresándose en nuevos equilibrios en el centro (la relación franco-alemana) y en nuevos desafíos en la “periferia” (Grecia, España, Irlanda). En este escenario la autoridad comunitaria (el Consejo y la Comisión europeos) ha sido largamente sobrepasada. De otro lado, Camp David ha mostrado también, que una suerte de balance de poder sigue siendo posible en la Unión Europea en tanto Francia ha logrado variar la actitud de Alemania cuya superioridad económica es tan incuestionable como su incapacidad para ejercer hegemonía incontestada. Y también que es dudosa la capacidad de la autoridad europea para aplicar una política anticrisis uniforme para todos sus miembros. Bajo estas condiciones avanzar hacia una unión económica y política que permita el manejo consolidado de la política fiscal como complemento de la rendida política monetaria implica riesgos quizás superiores a los asumidos en la apurada adopción del euro para absorber el poder de la unificación alemana. Si el euro es indispensable para Europa, lo es más la salud del mercado común y de las economías nacionales que lo sostienen. Los latinoamericanos que necesitamos una Unión Europea fuerte estamos seguros que las próximas cumbres europeas así lo entenderán.


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