Estados Unidos: Seguridad y Minerales Críticos
- Alejandro Deustua

- hace 2 días
- 3 Min. de lectura
10 de febrero de 2026
En el marco de las nuevas estrategias de seguridad y defensa estadounidenses el Perú ha sido reconocido por Estados Unidos como “aliado principal extra-OTAN” y ha suscrito un Memorándum de Entendimiento sobre minerales críticos.
Si la pomposidad del status militar reconocido implica un incremento en la jerarquía de trato de una superpotencia con una pequeña, éste debiera implicar también la revaluación de activos de relaciones internacionales hoy demeritados: confianza y convergencia de intereses.
Sin embargo, al cabo del deterioro institucional y de liderazgo que se observa en la organización interna de las partes, el grado de confianza esperado entre ellas probablemente tenga un valor menor que el que corresponde a estados bien organizados.
Por lo demás, salvo por una gama más restringida de intereses, la convergencia del gobierno del Sr. Trump con vecinos regionales a los que se ha otorgado similar status no corresponde al curso histórico de las relaciones respectivas. En efecto, Brasil, que ha sido un aliado tradicional de Estados Unidos y ostenta también el status de aliado principal extra-OTAN, no tiene hoy una posición estratégica convergente con la superpotencia. Lo mismo ocurre con Colombia. Argentina, en cambio, logró el status sólo al concluir una historia de desafiliación estratégica con la primera potencia (Menem), neutralizado después por el peronismo de principios de siglo y retomado hoy más por convergencia ideológica que por aproximación sistemática (la relación entre Estados Unidos y Argentina es hoy la más estrecha en el Hemisferio).
El Perú, en cambio, tiene una historia de convergencia estratégica con Estados Unidos más intensa. Traducida en alineamiento, aquélla fue interrumpida especialmente por el gobierno de Velasco, para ser retomada bajo las condiciones de precariedad que marcaron la relación de la región con Estados Unidos en las última dos décadas del siglo pasado. La convergencia peruana con la primera potencia alcanzó un nuevo punto zenital con el consenso democrático y de libre comercio de la primera década del siglo XXI. Hoy esos dos factores se han diluido.
Ello indica que el status de aliado principal tiene ahora una connotación más bien operativa. El Perú tendrá, en teoría, mejor acceso al aprovisionamiento militar, a facilidades de entrenamiento y a transferencia tecnológica norteamericana. Y Estados Unidos lograría mayor cooperación en la lucha contra el narcotráfico, organizaciones criminales trasnacionales y migración ilegal (y un cierto desplazamiento del competidor sistémico -China- de acuerdo a la nueva doctrina).
Estados Unidos entiende este objetivo como integral antes que segmentado a diferencia de la interpretación peruana. Ésta sugiere que la mejor relación con la superpotencia operaría en el ámbito de la seguridad mientras que la relación con China lo haría en el ámbito económico. Esta interpretación no parece la más acertada en el marco de la doctrina de seguridad norteamericana y la relación transpacífica. El Perú debiera tener mayor claridad sobre una nueva forma de regionalismo abierto y de relación con el conjunto de Occidente.
De otro lado, la redefinición de la relación estratégica con Estados Unidos ha sido acompañada por la posibilidad de una nueva inserción en la emergente división internacional del trabajo fundada en el desarrollo tecnológico y en el acceso a minerales críticos. Así lo sugiere el Memorándum de Entendimiento bilateral suscrito en el marco de la Reunión Ministerial de Minerales Críticos realizada en Washington con la participación de 54 países que formalizaron una pluralidad de acuerdos bilaterales.
El compromiso peruano-norteamericano establece la disposición a identificar proyectos de explotación de esos minerales y acceder a instrumentos financieros y tecnológicos para lograrlo. Ello implica cooperación en “exploración, procesamiento, reciclaje, formación de capital humano e investigación y desarrollo”.
El propósito norteamericano es desarrollar nuevas fuentes de aprovisionamiento y redes que le garanticen acceso a esos minerales. Ese acceso es hoy vulnerable por la extraordinaria concentración de esos recursos en China. El propósito peruano es promover inversiones y participar activamente en la oferta de esos minerales (aproximadamente 10 de los 60 minerales listados).
El acuerdo bilateral debería también permitir la interacción con un foro de países comprometidos con el desarrollo de minerales críticos. La estabilidad en la provisión implicaría precios de referencia.
Si bien la posibilidad de participar en una cadena de valor de minerales críticos es útil para el Perú, es necesario asegurar que esa participación supere los niveles de la mera exploración y explotación. El paso hacia el procesamiento debe emprenderse en un marco plurilateral no dependiente exclusivamente de la superpotencia ni de un reducido núcleo corporativo para que el nuevo mercado genere beneficios mejor distribuidos para todos.
Así como la nueva relación de seguridad con Estados Unidos debe implicar la intensificación de la relación con Europa (y el Asia pro-occidental), la nueva relación estratégica sobre minerales críticos debe garantizar una relación plurilateral eficaz -global y regionalmente- a un país que, como el Perú, sólo aporta hoy el recurso explotable.





Comentarios