• Alejandro Deustua

Venezuela: La Dictadura Disfrazada

Más preocupado por limpiar las calles de opositores que de gobernar con eficiencia y apertura, el gobierno venezolano acaba de dar una muestra más de su tránsito del autoritarismo a la dictadura.


El apresamiento de Leopoldo López es un paso en esa dirección: la captura plena de las instituciones nominalmente democráticas, la completa subyugación de la oposición y el establecimiento de un régimen que no reconozca más libertades (elecciones y referéndums) que las que necesite para esgrimir una cierta legitimidad frente a terceros.


El emblema de este esperpento chavista es el denominado “poder popular”; su método, la coacción selectiva; su ideología, el marxismo caribeño; su política exterior, la construcción de una divisiva zona de influencia centrada en una vital alianza con Cuba; y su diplomacia, el griterío antiimperialista y el dispendio de petrodólares.


Esta subpotencia es una fuente de inestabilidad estructural en América Latina que sus socios avalan y los que no lo son toleran con clericales invocaciones al diálogo sin reconocer la naturaleza del problema ni el planteamiento de mínimas exigencias de apertura.


Así acaba de ocurrir en UNSAUR bajo el mismo formato de reconocimiento de la elección del Sr. Maduro. Ninguna mención a la barbarie y énfasis en la concertación cuando no hay condiciones como las que podrían proveer el ejercicio de la protección colectiva de la democracia contratada por casi todos los organismos de la región.


Más aún cuando la confrontación social en Venezuela se produce en el umbral de la hiperinflación y se asienta en gravísima escasez doméstica, criminalidad incontrolada, insostenibilidad monetaria, dilapidación de las reservas, menguados ingresos petroleros, coactación del sector privado y estrangulamiento de la libertad de expresión.


En la gestión opresiva de esta crisis trabaja el socio cubano de presencia dominante y paramilitar probablemente al tanto del daño que puede causar a la región el desborde trasnacional del conflicto venezolano.


La hora de confrontar a Venezuela por los problemas de seguridad que causa está vencida y no hay opción que no sea su apertura. Sólo luego de que ello ocurra podremos cooperar.


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