• Alejandro Deustua

Un Nuevo Escenario Global

En abril pasado el Banco Mundial sugirió que el futuro del crecimiento de América Latina dependía menos de las exportaciones que de la demanda interna y del impulso del sector servicios. El presupuesto de ese diagnóstico fue el fin del boom de los precios de los commodities. Hoy la conclusión del extenso ciclo de altos precios de las materias primas es una realidad inescapable que el FMI confirma con proyecciones, quizás subestimadas, de retroceso de los precios no petroleros en el orden de -1.8% y -.3% para este año y el próximo en un contexto de corrección a la baja de las proyecciones de crecimiento. Aunque esas proyecciones muestran en realidad un estancamiento del crecimiento global (3.1% para este año, similar al del 2012) y del latinoamericano (3% en el 2013 igual al del año pasado), el hecho de que la región crezca por debajo del promedio internacional en un contexto de debilidad de la demanda externa (el comercio crecerá este año apenas 3.1%) y de las economías emergentes, indica que el diagnóstico del Banco Mundial debe ser evaluado con la mayor atención. Y no sólo porque éste sugieren la urgencia de adoptar medidas que mejoren la productividad para sustentar mejor el mercado interno y la inclusión social o porque debamos concentrarnos en promover más el sector servicios que el industrial (una propuesta que hasta los mayores críticos del modelo de sustitución de importaciones quizás rechazarían), sino porque el entorno internacional se ha deteriorado considerablemente. En términos inmediatos hoy padecemos fuerte volatilidad cambiaria generada por decisiones externas (el FED, especialmente), una tendencia a la reversión de los flujos de la inversión extranjera y una desaceleración del principal destino de nuestras exportaciones (China crecerá 7.8% este año y 7.7% el próximo) que algunos estiman que puede ser mayor (Pei, Wolf). A ello debe agregarse el serio deterioro geopolítico en zonas de alta conflictividad (el Medio Oriente y el mar del sur de China) en el que la quiebra del orden estatal (Siria, Egipto) y la complicación de vías de navegación retroalimentan el riesgo global. En este contexto una de las mayores fortalezas del Perú, la inserción internacional, debe evaluarse evitando que el crecimiento por demanda interna se confunda con aislamiento, proteccionismo o regionalismo cerrado como algunos vecinos desean.


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