• Alejandro Deustua

Siria: Unilateralismo Renovado

Siria necesita parar la guerra civil, el uso de armas químicas y una fuerza superior para ayudar en el emprendimiento. Estados Unidos parece entenderlo al revés. Aunque sometido a crecientes limitaciones Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia. Sin embargo, sus máximas autoridades han obviado el debate en el Consejo de Seguridad de la ONU para implementar la decisión de atacar a Siria siguiendo una definición estrecha del interés nacional. Ésta ha sido llevada a extremos que ha obviado la dimensión de seguridad colectiva de esa acción militar y que ha preferido enfatizar una naturaleza disfuncional del Consejo debido al veto que plantean Rusia y China a cualquier intento militarmente punitivo contra Siria. Este renovado unilateralismo es un error: cualquier acción al margen una discusión previa en la ONU debilitará más un sistema internacional ya inestable por las crisis y el nuevo ajuste, su reacomodo estructural, el surgimiento de nuevas alianzas y su insuficiencia normativa. En lugar de evitar el error, el Ejecutivo norteamericano ha preferido debatir la materia en casa sin tener en cuenta la pérdida de credibilidad que ha dejado Irak, la ausencia de amenaza inminente y que la “obligación de proteger” a los afectados por trato no humanitario sólo puede funcionar hoy en el ámbito colectivo. A mayor abundamiento, se ha desmerecido el cotejo de las pruebas norteamericanas con las de la misión de la ONU en Siria sobre el uso de armas químicas. Y quedan dudadas sobre una reacción que se produce recién después de 14 supuestos ataques químicos (Primer Ministro Cameron) sin explicar por qué Siria arriesgaría la ventaja estratégica que por primera vez posee en el terreno y sin referir el acceso de Al Qaeda (parte de la oposición siria) a esas armas hoy baratas. Por lo demás, la violación del tratado que prohíbe el uso de armas químicas involucra la responsabilidad de 189 países que necesitan a Estados Unidos para restaurar le legalidad internacional, no la “línea roja” de la primera potencia. Ésta, a su vez, requiere de cierta cooperación con alianzas y Estados antagónicos del área para negociar una solución política. Si ello requiere el uso de la fuerza, éste deber ser legítimo. No uno que, en autojustificatorio ejercicio del poder, cree mayor antagonismo, una guerra regional y más anarquía.


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