• Alejandro Deustua

Schock, Vulnerabilidad y Desgobierno

4 de abril de 2022


El Perú, como los demás miembros del sistema internacional, ha sido impactado por un par de schocks negativos de largo plazo. Lo que lo diferencia de los demás países es su nivel de vulnerabilidad y la eficacia de su respuesta.


En el caso de la pandemia, el grado de exposición a la amenaza global ha sido alto para todos con variantes propias del nivel de desarrollo. Pero nuestro grado de respuesta ha dependido de deficientes capacidades del sector salud, del variopinto esfuerzo de acceso al instrumental de mitigación y de un implementación subóptima.


En el caso de la guerra en Ucrania, la vulnerabilidad geopolítica ha sido menor debido a que la amenaza no es global, a la lejanía del escenario del conflicto y a nuestras tenues filiaciones extrarregionales.


En efecto, el Perú sólo ha podido actuar en el ámbito multilateral (Naciones Unidas, la OEA) articulando, para bien, una repuesta progresiva ligada a la condena de la invasión, al reclamo de cese al fuego y de negociaciones y a la defensa de principios generales en juego. El precio de esa menor vulnerabilidad geopolítica (y de nuestra escasa influencia) se sufragará, sin embargo, con un grado de marginalidad en la redistribución de poder global a la que asistimos.


En cambio, la vulnerabilidad económica a las consecuencias del conflicto ha sido mayor. Ésta se deriva de la distorsión de los mercados de productos básicos y a la renovada afectación de las cadenas de suministro expresadas en incremento de los precios del petróleo y de alimentos. La inflación resultante y el ajuste consecuente se expresará en menor crecimiento (para el FMI ésta ya es una realidad global) que no es compensada por el favorable incremento de los precios de los minerales.


Si bien el componente nacional de esa sintomatología puede gestionarse minimizando el daño, la dimensión estructural del problema escapa a nuestras manos. Y, lamentablemente, la capacidad de gestión de los órganos especializados (BCR, la instancia superior del MEF) no es acompañada por la incompetente administración del gobierno.


En consecuencia, el empobrecimiento y mayor inestabilidad social que genera el incremento del precio de los combustibles, de fertilizantes y de alimentos vinculado al conflicto euroasiático nos afecta más de lo que debiera.


El desperdicio de las posibilidades de atenuar esa vulnerabilidad y de recuperar, más rápidamente, una cierta normalidad es aún más pernicioso si se considera que la importación peruana de petróleo y cereales son esencialmente hemisféricas. Por tanto, el impacto del incremento de precios debería ser menor (el Perú importa petróleo de Estados Unidos, Ecuador y otros vecinos, e importa trigo esencialmente de Canadá y Argentina; y la importación de fertilizantes ligada a Rusia se ha diversificado).


Pero, el desgobierno impide aprovechar esas ventajas esencialmente hemisféricas reposicionando al Perú entre los más incompetentes países “tomadores de precios” en momentos de intensísima inestabilidad del sistema internacional.


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