• Alejandro Deustua

Sanciones, Retaliaciones y Mercantilismo

Haciendo honor a su dimensión sistémica el conflicto entre Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos ha salido del ámbito ucraniano e incursionado, a través del escalamiento de sanciones económicas, en el escenario global.


Ello ocurre en un contexto crecientemente proteccionista que prologó, en otro momento, grandes crisis internacionales.


En efecto, luego del derribamiento del avión de Malaysia Airlines en Ucrania, Estados Unidos y la Unión Europea impusieron a Rusia un conjunto de sanciones que afecta esencialmente a los sectores tecnológico, de defensa y financiero rusos (la banca estatal).


Esta situación complica fuertemente la capacidad rusa de aprovisionarse de insumos estratégicos y de acceder al financiamiento externo en momentos de gran debilidad de los flujos financieros (una caída de US$ 25 mil millones a US$ 7900 millones en el primer semestre) y de la perfomance económica de esa potencia (este año crecerá apenas 0.2%).


La retaliación rusa, en cambio, ha elegido el campo del comercio de alimentos prohibiendo las importaciones de estos productos desde Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia y Noruega por un año.


Rusia compra normalmente de la Unión Europea 30% de la producción de frutas y verduras de esa entidad y es el primer mercado de exportaciones avícolas norteamericana (FT). Según analistas ello implicará una pérdida, sólo para la UE, de entre US$ 13 y US$ 16 mil millones (RT). Y las puertas para mayores retaliaciones quedan abiertas.


Este bloqueo comercial ocurre cuando la proyección de incremento de los intercambios globales llegaría a apenas a 4.7% este año, por debajo del promedio de 5.3% en las últimas dos décadas (OMC). Con los desarrollados creciendo sólo 1.8% este año, la interrupción parcial de sus intercambios afectará el potencial de incremento de la demanda de bienes de los países occidentales.


En ese escenario Rusia favorece abiertamente el desvío de comercio que beneficia a algunos países latinoamericanos (Brasil, Argentina, Chile, Ecuador y eventualmente al Perú). Para compensar las importaciones de alimentos estos países deberán obtener la autorización del servicio fitosanitario ruso en el marco de una política de sustitución de importaciones.


Estas distorsiones del comercio deben evaluarse con cuidado por los países supuestamente beneficiados.


Especialmente cuando la suspensión de importaciones occidentales es temporal y cuando los países “beneficiados” por las trabas intrarregionales referidas incursionarán, mercantilistamente, en un complejo escenario de seguridad. Si el Perú va a participar su oferta debería enmarcarse en la negociación del acuerdo de libre comercio con Rusia.


Al cabo deberá atenderse también las implicancias del cuestionamiento por India del acuerdo de facilitación de comercio que supuso el único avance de la Ronda Doha. En efecto, el gobierno de ese país ha revisado su posición en ese acuerdo argumentando que debe subsidiar alimentos básicos cuando el acuerdo ordena la reducción de medidas administrativas a las importaciones. Si ese acuerdo se cae, el sistema multilateral habrá ingresado a una nueva etapa antiliberal.


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