Resiliencia Local y Global Pero Riesgo Creciente
- Alejandro Deustua
- hace 2 días
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14 de julio de 2026
Con el optimismo que se afianza en el sector privado, una perfomance económica superior al promedio de América Latina y fundamentos sólidos el Perú debería progresar en el ciclo político que se inicia. Sin embargo, una superior perfomance global y el incremento de los riesgos externos que definen parcialmente la inestabilidad internacional deberían matizar ese temperamento.
En efecto, el Perú crecería este año 3.2/3.4%% (BCR) dentro del margen de mediocridad que rige desde el 2014 con bajo nivel de inflación pero aún fuera del rango y con un déficit fiscal de trayectoria descendente. Términos de intercambio aún muy positivos y mayor participación de los sectores no primarios alientan el optimismo. Esta situación ubica la perfomance peruana del año bien por encima del promedio regional de 2.4%.
En el marco global, sin embargo, ésta dista del festejo. En efecto, la perfomance peruana sigue estando bien por debajo del crecimiento promedio de los mercados emergentes (3.8%) mientras que la de América Latina (2.4%) se subordina a la de Asia (5%) e incluso a la del África Subsahariana (4.3%). En el escenario regional de las economías emergentes y en desarrollo la región sólo supera a este año a Europa Emergente (1.9%) y al Medio Oriente y Asia Central (0.7%) pero no a su proyección de 6.5% en 2027 que ubicará a la región, en la que el Perú no es una isla, en el penúltimo lugar de esa categoría de países (FMI).
Éste gran problema estructural es desatendido mientras la competencia internacional se incrementa en una economía global que se desacelera este año (3% vs 3.5% en 2025). Ciertamente, ésta no es una buena noticia. Mucho menos si el volumen comercio global caería este año a 3.5% (vs 5% el año pasado) confirmando la tendencia anunciada por el Banco Mundial mientras la inflación global se incrementa 4.7%.
Sin embargo, la demanda global de commodities aumentaría los precios ahora pero caería -11.8% en 2027 señalando cierta volatilidad de las colocaciones. Éstas seguirían el rumbo del decrecimiento progresivo de China (4.6% este año y 4.1% en 2027) y el estancamiento europeo (apenas 0.9% este año y 1.2% en 2027). Sólo Estados Unidos mantendría el crecimiento (2% plus) con un mercado bursátil en apariencia sobrevalorado.
Mientras tanto, los denominados “riesgos geopolíticos” que parecían haberse atenuado, se incrementan en los escenarios iraní y ucraniano reactualizando nuevos aumentos del precio del petróleo y de la inflación global.
La vulnerabilidad de los países importadores netos de petróleo y fertilizantes (como el Perú) seguiría esa trayectoria al margen de las ventajas aparentes de la distancia del centro de conflicto si no hubiese retorno a la situación ex -ante (la disposición negociadora del fracasado Memorándum de Entendimiento -MOU- suscrito entre Estados Unidos e Irán y una menor intensidad de ataques misileros y de drones de largo alcance en el caso ruso-ucraniano).
En el caso de la guerra iraní las conversaciones entre los beligerantes han quedado sin marco de referencia: el MOU ha dejado de existir. En consecuencia, cualquier diálogo sería ad hoc y ausente de un proceso diplomático aceptado por las partes. Mientras tanto, Irán mantiene el reclamo de la administración del estrecho de Ormuz exigiendo alguna tarifa. Y Trump sostuvo que Estados Unidos se haría cargo de la vigilancia del estrecho con un agregado mercantilista (la superpotencia también cobraría peaje) ahora revertido. Ello indica que la arbitrariedad y el derecho internacionales sigue activa.
Previamente Irán renovó ataques a buques mercantes y a países del Golfo induciendo represalias norteamericanas a objetivos militares iraníes. El “escalamiento horizontal” y el quiebre de negociaciones están complicando cualquier intento de establecer un nuevo alto al fuego negociador y un efectivo balance de poder en la zona. Las repercusiones en la seguridad y la economía internacionales se harán sentir mientras la capacidad general de absorción de choques externos podría mermar.
De otro lado, Ucrania ha incrementado extraordinariamente sus capacidades aéreas (drones) mientras los países miembros de la OTAN han aprobado nuevos presupuestos de asistencia militar. Lo primero se refleja en más precisos y constantes ataques ucranianos sobre distantes objetivos rusos (Moscú y San Petersburgo han dejado de ser blancos esporádicos). En respuesta, Rusia utiliza incrementalmente misiles hipersónicos para atacar ciudades ucranianas cuyos fines psicológicos implican el potencial recurso al arma nuclear táctica.
El avizoramiento de ese umbral y el escalamiento iraní debería llevar a la comunidad internacional a exigir, colectivamente, el alto al fuego y la correcta solución de ambos conflictos. Si ello no ocurre la posibilidad de que otro choque de oferta afecte a la economía internacional con mayor impacto que el anterior será cada vez más evidente acompañada de la expansión del escenario bélico.
En estas circunstancias, el gran costo de El Niño podría ser sólo una contingencia. Es hora de ejercer al respecto una mayor responsabilidad colectiva.



