Desintegración y Hegemonía en Norteamérica
- Alejandro Deustua

- hace 2 días
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31 de agosto de 2026
Una combinación de fuerzas destructivas se va arraigado en el norte de América. El riesgo de disolución de uno de los mayores regímenes de libre comercio regional (el T-MEC) y el intento del presidente Trump de imponer a Canadá y México términos de hegemonía que superan a los de una simple zona de influencia violentan el carácter interdependiente del área generando inestabilidad y conflicto geopolítico.
Como se sabe, las autoridades estadounidenses se han negado a extender la vigencia automática del T-MEC patrocinando revisiones periódicas imbuidas de incertidumbre. Al respecto, las negociaciones con Canadá han terminado con el retiro de esa delegación luego de que la parte estadounidense estableciera condiciones de última hora consideradas excesivas.
Las negociaciones se desarrollaron en el marco de una guerra arancelaria iniciada por Estados Unidos en febrero de 2025 con la imposición de aranceles de 25% a México y Canadá por “razones de seguridad”. Luego Estados Unidos procedió al ejercicio global del proteccionismo afectando a casi la totalidad de sus socios comerciales (el “día de liberación”). Desde entonces, una escalada de retaliaciones ha signado la relación comercial entre Canadá y Estados Unidos (México optó por aplacar la confrontación).
Lo que está en juego es bastante más que el tercer flujo de comercio intra-regional en el mundo (US$ 2 millones de millones anuales sólo superado por la Unión Europea y la Asociación Económica Integral Regional asiática). La afectación de esos intercambios compromete la vida diaria de millones de agentes económicos y también la capacidad ordenadora del T-MEC como reemplazante del NAFTA (1994).
Como se sabe, este acuerdo junto con el tratado de Maastricht (1992) que enmarcó el perfeccionamiento la integración europea, contribuyeron al boom de TLCs que signó el nuevo orden comercial que la OMC (1995) procuró regular. Sin embargo, fustigando al NAFTA, Trump procedió a impulsar el T-MEC (2018) definiéndolo como un acuerdo más equilibrado basado en una reciprocidad potenciada. Hoy ese presidente niega a “su” acuerdo tal calidad e impone medidas unilaterales.
A esa fractura, Trump ha agregado ahora el intento de usurpación territorial renombrando al Golfo de México y al Lago Ontario como el Golfo y el Lago América, respectivamente. Esta extraordinaria vulneración de la soberanía va más allá de la manipulación toponímica (de cuyas consecuencias el Perú tiene experiencia) implicando una zona de dominio antes que un área de influencia denominada “Gran Norteamérica”. Ésta, abarcando desde Alaska y Groenlandia (de soberanía danesa) hasta la línea ecuatorial, requiere de mayor “postura y presencia” de Estados Unidos (Hegseth).
Para atenuar el riesgo en el trato con socios cercanos parece necesario que Trump reconozca las virtudes del mutuo beneficio en la generación de interdependencia antes de que, en otro plano, al Perú se le plantee otra exigencia de dominio.




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