• Alejandro Deustua

Muros de Salida y de Entrada

En el escenario global el flujo de bienes y servicios es más libre que el de las personas. Ello muestra que la tendencia a la apertura de los mercados es más intensa que la de los Estados y que, entre los factores de producción, el capital y la información fluyen mejor que el trabajo.


En el caso del flujo de personas la realidad de esta asimetría liberal se complica por la incidencia del crimen organizado, del terrorismo y de la migración ilegal hacia espacios soberanos, nacionales o ampliados, apetecidos por estas personas. El interés del Estado o de la entidad regional de resguardar su soberanía o espacio es, a este respecto, legítima e incuestionable.


Lo que no es incuestionable es el método de resguardo cuando éste genera más discriminación que resguardo o cuando recurre a instrumentos vetados por la práctica de los principios occidentales.


Éste es el caso de los “muros” cuya funcionalidad política durante la Guerra Fría consistía en impedir la salida de ciudadanos atrapados en Estados totalitarios. Al respecto, el estereotipo fue en Europa el muro de Berlín y en América lo sigue siendo el Caribe cubano que condena a buena parte de los que buscan la libertad, a la muerte.


Hoy, sin embargo, son los Estados liberales los que recurren al muro fronterizo como barrera de entrada a todo tipo de ilegal sin distinguir entre el ciudadano necesitado y el delincuente. Así Estados Unidos construyó un muro en la frontera con México, Israel en la frontera con Gaza y hasta la dimensión báltica y oriental de la Unión Europea lo ha hecho en relación a Bielorrusia y Eurasia.. Si estos Estados o espacios, además de liberales, son los más avanzados la pregunta es por qué el recurso al resguardo externo tecnológica y policialmente potenciado no es suficiente. La respuesta radica en el abismal desnivel de distribución de la riqueza económica entre espacios contiguos y en la naturaleza extraordinaria de la delincuencia organizada que apetece un botín mayor. Si lo que prima es el primer factor, el muro no resistirá. Y si prima el segundo, el muro no reemplazará a la lucha interna contra el crimen global que transgrede las fronteras.



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