• Alejandro Deustua

Medio Oriente de Nuevo

El Medio Oriente acaba de refrescar su rol como generador de riesgos geopolíticos regionales y globales. Para el Perú (que importa petróleo de Estados Unidos) y América Latina (que alberga a medianos y grandes exportadores del hidrocarburo) quizás ese riesgo sea menor que la persistencia del conflicto comercial sino-norteamericano. Pero la nueva sangre derramada en Irak e Irán reitera al mundo que la inestabilidad manda a principios de la década.


Lo sorprendente en ese escenario no ha sido el nuevo enfrentamiento sino la inconsistencia con que la primera superpotencia lo ha afrontado. Luego de que un destacamento norteamericano y la Embajada estadounidense en Irak fuera agredidos (y la segunda invadida) por milicias iraquíes ligadas a la fuerza Qud del General iraní Soleimani , el gobierno de la primera potencia pudo calificar los hechos como actos de guerra y proceder al amparo de la Carta de la ONU.


En lugar de ello ese gobierno se embrolló en imprecisas justificaciones (la inminencia inexplicada de ataques a 4 embajadas) y en un súbito planteamiento estratégico para explicar el aniquilamiento del sanguinario funcionario a cargo de las proyecciones externas iraníes. Luego de obviar la legítima defensa, la Casa Blanca prefirió la excusa del ataque preventivo y plantear después, sin mayor razonamiento, la disuasión militar que incluiría a otras potencias.


Ad portas del juicio político como resultado del “impeachment” del presidente Trump por la Cámara de Representantes y en plena campaña electoral, no es extraño que tal variedad de explicaciones sobre el asesinato de un peligroso enemigo haya sido objeto de críticas concretas, de limitaciones legislativas al uso de la fuerza en Irán y de mayor división de la opinión pública dentro y fuera de los Estados Unidos.


Como resultado, el cuestionamiento de la credibilidad del gobierno norteamericano se ha incrementado, la represión de la protestas popular iraní (incentivada por la pésima situación económica avivada por más sanciones y el derribamiento de un avión ucraniano) ha aumentado) y un Medio Oriente más inestable está a la vista.


En el proceso, países de la Unión Europea ha abierto el proceso de solución de controversias del acuerdo nuclear que Estados Unidos denunció para obligar a Irán, ya encaminado al logro de un arma atómica, a decidir si vale la pena cumplir o negociar. Rusia, que desempeña un rol mayor en el área, no parece estar de acuerdo.


Y aunque los precios del petróleo no han sido afectados grandemente debido a la existencia de stocks y a las señas iraníes de no escalar el conflicto (su respuesta misilera no ha sido intensa), Irán tendrá siempre cuenta su control de las vías de exportación petrolera, su antiamericanismo y sus redes regionales y globales de guerra asimétrica.


Sobre ello hay que tomar nota a la luz de la experiencia argentina y venezolana con el Hezbollah y ciertos asesores. Y advertir a nuestro socio norteamericano que sus maneras unilaterales complican estratégicamente a sus amigos hemisféricos.


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