• Alejandro Deustua

La Guerra y La Hambruna

1 de junio de 2022


Las consecuencia globales de una guerra limitada como la de Ucrania pueden ser desastrosas. Éstas ya lo son para para 69 países en desarrollo que confrontan la yuxtaposición de crisis alimentaria, energética y financiera. Ellos forman parte de los 107 países afectados por alguno de esos shocks que la UNCTAD define como una “tormenta perfecta”.


Para confrontar esta situación el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha reclamado a los miembros del sistema financiero internacional que activen las facilidades multilaterales de emergencia disponibles. Éstas, por alguna razón, se encuentran paralizadas.

Ello ocurre en medio del deterioro del crecimiento económico global proyectado para el año en 3.1% (vs 4% antes de la guerra). Éste incluye la desaceleración simultánea de Estados Unidos, China y la Unión Europea, de los países en desarrollo (de 6.7% a 4.1%) y de la precarización de América Latina, la región de peor perfomance, que crecería apenas 2.1% en el 2022 según la ONU.


Si no todas las causas del deterioro son atribuibles a la guerra, ésta han acentuado o generado los problemas principales. Con algunos de ellos (la inflación global, cuyo promedio será este año 6.2% -vs 2.9% entre 2010-2020-, la incertidumbre en los mercados de valores, las fuertes salidas de capital de los mercados emergentes, el deterioro de la producción o la disfunción de las cadenas logísticas) aún se puede lidiar.


Pero el extraordinario incremento de la inseguridad alimentaria causada por el conflicto y la prospectiva de hambruna en algunos países no son manejables sin un acceso inmediato a las muy concentradas fuentes de suministros.


Como se sabe, Ucrania y Rusia son dos de los cinco grandes proveedores de cereales. Del acceso a su oferta depende la capacidad de supervivencia de millones de personas en por lo menos 69 de los países mencionados.


Si la evaluación de riesgos globales de la guerra fue pésimamente calculada por Rusia (o simplemente, no se realizó), la estimación de las consecuencias globales de las sanciones económicas impuestas por los países occidentales tampoco reciben notas de excelencia.


Para afrontar la crisis alimentaria se anuncia que Rusia y Turquía (de poderosa presencia en el Mar Negro, escenario de los bloqueados puertos ucranianos) negociarán alternativas para permitir la exportación de cereales por esa vía mientras la Unión Europea exige el acceso. Ello no implica éxito necesariamente.


En consecuencia, corresponde también a los afectados -que han condenado la agresión rusa- plantear soluciones. Si el desbloqueo coercitivo de los puertos de exportación no está al alcance de la mano, promover en las Naciones Unidas el acceso a los productos básicos bloqueados es un requerimiento de urgencia (TE). Como lo es la evaluación colectiva de las sanciones que impiden la exportación de fertilizantes y de las relaciones diplomáticas con Rusia que está poniendo en riesgo la vida de millones de personas entre los que se encontrarán miles de peruanos.


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