• Alejandro Deustua

La Crisis del Chavismo

No por previsible la agudizada crisis política venezolana es menos riesgosa. La polarización social radicalizada, la cuestionable legitimidad del liderazgo y de las instituciones, la crisis económica y la convicción de fraude en la mitad de la población configuran una masa crítica explosiva en el norte suramericano.


Y aunque previsible también, el rápido reconocimiento del presidente electo venezolano por los líderes suramericanos puede dejar de ser un instrumento de contención de la crisis para devenir en estímulo de la confrontación en Venezuela.


Ello se explica por la distinta posición adoptada por la Secretaría General de la OEA (sorprendente), Estados Unidos y la Unión Europea (que sólo ha tomado nota del resultado) favoreciendo un recuento completo de los votos. Esta alternativa, contraria a la regional, fortalece el reclamo del Sr. Capriles que ha decidido asumir la inestabilidad pero no la violencia.


Asumiendo también que el Sr. Maduro no aceptará el recuento, éste pierde la opción de la reconciliación nacional. De momento le queda, entonces, intentar un diálogo ad hoc o imponer la autoridad.


Pero ésta es precaria. La necesidad de preservar el poder no oculta la realidad del fraccionamiento del PSUV (el partido de gobierno) frente a la masiva pérdida de votos logrados por Chávez (el principal responsable de la crisis). La mitad del país cuestiona las instituciones repletas de partidarios chavistas (por lo que éstas dejan de ser efectivas). Y las Fuerzas Armadas quizás recusen la división nacional, su alienación ideológica y la influencia cubana.


En ese contexto, el recurso a las milicias bolivarianas alimentaría la confrontación. Por tanto, la opción represiva se encarece.


Así, mientras el desgobierno crece el desmanejo económico no podrá ser controlado. Y menos con políticas del socialismo del siglo XXI. La tendencia recesiva (0.7% de crecimiento este año en lugar del 2% pronosticado por CEPAL), la inflación creciente año tras año (hoy de 30%), el déficit fiscal de entre -7% y -12% y la devaluación que supera largamente el 32% de febrero marca un curso de degradación que el mayor gasto no salvará.


Éste, alimentado por la sangría de PDVSA (que produce el 93% de las divisas), de la reservas internacionales y de los fondos de desarrollo (sostenidos en parte por US$ 42.5. mil millones de préstamos chinos) es un barril sin fondo que ya no puede alimentar la industria petrolera. Menos en un contexto de desinversión y reducción del mercado de capitales (de 7.6% a 1.6% del PBI).


La escasez de bienes y servicios básicos y el incremento de la violencia criminal (más de 20 mil asesinatos al año) completan el cuadro de desgobierno. Éste tiende a empujar al chavismo duro a incrementar la retórica agresiva que exacerba el nacionalismo e intentar preservar su alianza con Cuba (que se queda sin base material mientras Cuba se debate entre incrementar el control interno o proseguir la reforma) y mantener el apoyo del ALBA (que será receptora del caos venezolano).


Si Maduro no cede, su alternativa es un chavismo blando, procurar una negociación que permita la participación de la contraparte y el diálogo con Occidente mientras los suramericanos se preparan para un ejercicio avanzado de control de crisis en la región y para afrontar un contexto internacional más desafiante.


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