Estados Unidos y América
- Alejandro Deustua

- hace 4 días
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30 de junio de 2026
Estados Unidos celebra 250 años como república independiente manteniendo aún el status de primera superpotencia. Siendo un pilar de Occidente ha tensionado, otra vez, sus relaciones con el otro pilar: Europa. Y en América Latina sus nuevas doctrinas de supremacía han sido minimizadas (salvo excepciones) por convergencia ideológica eventual y razones de necesidad. Esa dinámica no es nueva.
Culminado su proceso de expansión territorial, Estados Unidos promovió por interés comercial en 1890 una Unión Internacional de Repúblicas preludiando a la Unión Panamericana. Ese proceso coincidiría con la expansión norteamericana sobre el Caribe y el Pacífico. El conflicto entre hegemonía norteamericana y soberanía latinoamericana se instalaría en él sin interrumpir una sucesión de reuniones que forjaron los principios y normas del régimen hemisférico.
Frente a la inminencia de la Segunda Guerra las Repúblicas Americanas establecieron medidas de seguridad colectiva que se activaron cuando Estados Unidos fue atacado por Japón (1941). Esas Repúblicas no sólo declararon su solidaridad con Estados Unidos sin que optaron por el rompimiento de relaciones con los agresores y/o por la participación militar en la guerra.
Previamente, Roosevelt había establecido la política del Buen Vecino que cancelaba el intervencionismo norteamericano en el área. Y en la postguerra, Kennedy estableció la Alianza del Progreso con propósitos reformistas en la región. Aunque el intervencionismo continuó luego y el reformismo fracasó los hitos de cooperación interamericana se arraigaron. Éstos se innovarían dramáticamente en 1962 con en el reiterado respaldo latinoamericano a Estados Unidos durante la crisis de los misiles en Cuba, la más peligrosa crisis nuclear de la Guerra Fría.
Con anterioridad el sistema interamericano se había perfeccionado con el TIAR (1947) y la OEA (1948). En Bogotá la región adoptó una resolución anticomunista que vigorizó su alineamiento con Estados Unidos y marcó su ingreso a la Guerra Fría luego de que la superpotencia priorizara la reconstrucción europea sobre los requerimientos económicos regionales. Y luego, a pesar del fracaso del ALCA, se estableció la vigente Carta Democrática Interamericana (2001).
Sin embargo, el sistema interamericano está hoy en cuestión por ineficiencia y por replanteo hegemónico de las doctrinas de seguridad y defensa que sostienen que el interés norteamericano debe prevalecer en el área.
En ese proceso, el mecanismo de combate al crimen organizado (el “escudo de las Américas”) se organiza al margen del sistema y los exitosos acuerdos de libre comercio con Estados Unidos son objeto de decisiones arancelaria unilaterales. Y, sin consulta previa, una nueva intervención se aloja en Venezuela y se progresa en otra sobre Cuba sin que la inversión norteamericana fluya adecuadamente en el área. El sistema interamericano debe redefinirse antes que desaparezca abrumado por unilateralismo y exclusivismo bilateral.




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