• Alejandro Deustua

Estados Unidos en la ONU: El Retorno del Realismo y Capacidades Auto Cuestionadas

El Presidente Obama concentró en la crisis del África del Norte y del Medio Oriente (MENA) su discurso en la reciente Asamblea General de la ONU. Éste no fue una comunicación restringida a un programa de acción ni al costo de oportunidad estratégico que implica seguir prestando máxima atención a esa atormentada región cuando la primera potencia ha declarado una preferencia asiática.


El discurso tuvo, más bien, una sustancial definición de doctrina que confirmó que Estados Unidos, bajo la dirección de un miembro del Partido Demócrata, no está restringido al idealismo con que suele definirse su atención a la causa liberal.


Sin deponer los principios que guían su política en materia de promoción de la democracia y de derechos como valores universales, el Sr. Obama enfatizó especialmente dos elementos cruciales de su actual posición: la importancia de los intereses primarios norteamericanos y el uso de la fuerza por los Estados Unidos.


Si bien la importancia de estos elementos fue planteada en torno a la necesidad de que la comunidad internacional defina cómo afrontar el conflicto en el MENA, el motivo principal derivó también de dos circunstancias que conciernen a la política exterior norteamericana: la de la incomprensión universal sobre la forma como la primera potencia confronta el conflicto en esa zona (“acusados si intervienen y acusados si no intervienen”) y la de la ambivalencia política y moral que presenta su apoyo a los movimientos proto-democráticos en esa región polivalente.


Los casos específicos en cuestión fueron cuatro: Egipto, Irán y Siria y el conflicto palestino-israelí. Pero fue Egipto y la crisis del Norte de África las que originaron la reflexión estratégica norteamericana.


En relación al primero, el Presidente Obama fue claramente ambiguo en la calificación del problema si se adopta un punto idealista (defensa de los principios y valores liberales) y meridianamente claro desde el punto de vista realista (la necesidad de salvaguardar las instituciones del Estado).


¿Qué hacer? La prevalencia de los intereses primarios norteamericanos comandarán la decisión de actuar y la implementación correspondiente.


En relación a Egipto el Sr. Obama diagnosticó el problema como es: el gobierno depuesto fue electo democráticamente pero no gobernó democráticamente.


¿Cómo responder? El Sr. Obama no se refirió a un golpe de Estado y tampoco fue explícito en la defensa cerrada de la democracia en Egipto. Ante la evidencia del fracaso democrático, el Presidente Obama destacó la prevalencia de los intereses primarios norteamericanos en el trato con el gobierno subrogante.


En relación a la crisis de los países del Norte de África, el Presidente recordó que Estados Unidos apoyó la opción del cambio político. Pero frente a la lenta transición (y de cara a los desafíos de Irán y Siria), la primera potencia trabajará con aquellos gobiernos funcionales al interés norteamericano aun cuando éstos no respondan plenamente a las expectativas internacionales en materia democrática, por ejemplo.


Ello explica parcialmente la negociación con Irán y la solución política con Siria como opciones aceptables.


Si la alternativa diplomática fracasa, entonces Estados Unidos recurrirá al resto de su arsenal estratégico: el uso de todos los elementos de poder (incluyendo el uso de la fuerza).


En los demás casos advirtió que confrontará a quienes agredan a los aliados o socios norteamericanos, asegurará el libre flujo de energía en la región (aunque se dependa hoy menos de ella), desarticulará las redes terroristas (acaba de realizar una operación de captura de un líder de Al Qaeda en Libia que ha ocasionado la protesta de ese gobierno transitorio) y no tolerará el desarrollo de armas de destrucción masiva en el área (una alusión a Irán y Siria).


Aunque los principios de defensa y promoción de la democracia y de los derechos humanos continuarán articulándose de manera preferente por la vía multilateral, este bagaje de acciones unilaterales fue anunciado ante la comunidad internacional en la sede de la seguridad colectiva como una alternativa cuya opción sólo depende la primera potencia.


El realismo, que relaciona interés y poder, está de regreso a propósito del MENA. Ello quiere decir que será aplicado de acuerdo a las complejísimas y cambiantes circunstancias de esas arenas movedizas (es decir, no corresponderá a una aplicación clásica).


Es más, ese realismo sui generis quizás no esté circunscrito al perímetro del MENA teniendo en cuenta su extraordinaria dinámica. En todo caso sus instrumentos se aplicarán de una manera bien diferente al idealismo con que el ex –Presidente Bush disfrazó su gestión bélica (el uso de la relación entre principios y poder típicos de la guerra justa).


El hecho de que aquél haya sido afirmado en el mayor foro multilateral es también una muestra del excepcionalismo diplomático norteamericano que el Presidente Obama pretendió reducir a su capacidad de intervención militar en causas justas.


Ahora falta ver si esa advertencia, de efecto contagioso, se sustenta en las capacidades de la única superpotencia o si éstas son cercenadas por el extraordinario conflicto político interno que ésta alberga.


Éste, que ha dejado al gobierno sin recursos económicos, puede evolucionar hasta crear una catástrofe económica global con Estados Unidos al centro de la misma si el gobierno realista no actúa racionalmente como el realismo manda.


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