• Alejandro Deustua

Estados Unidos: El Fin del Ciclo Expansivo

El fuerte deterioro de la economía norteamericana en diciembre es ya un lugar común. Lo que resta definir es si ese debilitamiento puede ser minimizado, si evolucionará hacia una recesión y cómo afectará a los países en desarrollo que hoy son vistos como parte de la solución.


En efecto, en el último mes el crecimiento del sector manufacturero norteamericano fue el peor en cinco años con el agravante de que el índice de su desempeño ingresó al campo de la contracción (47.7 puntos ó 3.3 puntos por debajo del límite que la define). A ello se ha agregado una fuerte aceleración de la tasa de desempleo (el mercado sólo creó 18 mil puestos netos) evolucionando de de 4.7% a 5%. Esta situación ha generado una revisión del crecimiento del PBI en el cuarto trimestre a apenas 1.5% con una proyección aún más débil para el primer trimestre del 2008 (0.5%). En ese ámbito los índices de confianza han descendido también con un agravante pre-existente: la contracción del crédito generada por la indisposición de los bancos a facilitarlo luego del impacto generado por la crisis hipotecaria.


Ello indica que la crisis financiera ha tocado ya a la economía real norteamericana afectando al consumo (la campaña navideña rindió menos que en el 2006) que representa el 70% del PBI del primer mercado nacional del mundo.


En este contexto las buenas noticias son las que indican que en el 2003 el sector manufacturero creció aún menos que en diciembre de este año cuando el ciclo expansivo empezaba a desarrollarse en Estados Unidos, que la tasa de desempleo de diciembre corresponde a la tasa de desempleo natural (5%) y que una recesión importa una contracción de por lo menos dos trimestres (hoy estaríamos sólo al final del ciclo expansivo).


Sin embargo, a nadie escapa que la desaceleración norteamericana se ha desbordado y que su ámbito ya ha afectado las proyecciones de crecimiento de la Unión Europea y las de América Latina para el 2008 (benignamente en este último caso). Peor aún, ese fenómeno viene acompañado con un incremento de las tendencias inflacionarias de las que el precio del petróleo en las proximidades de US$ 100 (con un potencial de US$ 140 o US$ 150) es un ejemplo no por previsible menos lamentable. Ello limita la reacción esperada del FED que debiera rebajar la tasa de interés de referencia próximamente de una manera que no puede diferir mucho de las expectativas (se espera una tasa de 3.75%). En una escenario de escasa coordinación financiera internacional (hasta ahora sólo mostrada por la inyección de liquidez en la Unión Europea y Estados Unidos), algunos (p.e., Larry Summers en el Financial Times) recomiendan recurrir también a políticas fiscales focalizadas y oportunas.


Lo extraordinario es que frente ese panorama desalentador las mayores perspectivas de atenuación de la crisis están globalmente colocadas en la perfomance de las economías emergentes (especialmente en China e India) y en el buen manejo de las economías en desarrollo responsables. En aquéllas se depositan esperanzas de sostenimiento de la demanda externa, de un manejo monetario responsable (es decir, una cierta apreciación del yuan) y hasta del mantenimiento de flujos de inversión (los fondos soberanos, p.e.).


El problema es que, como las economías en desarrollo, las emergentes, como China, dependen en muy buena medida de la capacidad de consumo de la economía norteamericana (el denominado "desacoplamiento" no se ha producido). Si aquélla se deprime, las exportaciones chinas perderán mercado mientras que las tendencias proteccionistas pueden se incrementarse en los centros capitalistas.


En este complejo escenario, economías con buenos fundamentos como la peruana han reducido su grado de vulnerabilidad relativa. El crecimiento sustentado en inversión y demanda locales como complemento del incremento exportador avala esa evidencia. Sin embargo, los mecanismos de transmisión de la crisis son obviamente correspondientes a los de nuestra inserción global. Por tanto, una fuerte caída de la demanda externa, una reducción de la inversión extranjera y/o un menor dinamismo en la colocación de créditos podría afectarnos. De allí que sea indispensable mantener la disciplina económica, diversificar mercados comerciales y fuentes de aprovisionamiento de capital para mantener las buenas proyecciones que anuncia el Ministerio de Economía y la CEPAL..


En lo interno ello implica compatibilizar el razonable control inflacionario por el Banco Central (la inflación es aún baja), el sostenimiento de la disposición del inversionista nacional y extranjero con miras al 2009 y mejorar la distribución social con una mejor ejecución presupuestaria. Y en lo externo, es imprescindible abrir nuevos mercados y articular con los países responsables de la región una mayor coordinación internacional que fortalezca al sistema financiero global y que controle mejor sus excesos.


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