• Alejandro Deustua

El Director General de la OMC da una Clase de Comercio Exterior

Mientras el Perú continúa abriendo su economía mediante acuerdos de libre comercio, las negociaciones comerciales multilaterales siguen estancadas. ¿Es esta indisposición multilateral una muestra de prudencia generalizada frente a la debilidad de la recuperación de la economía mundial? ¿O es más bien señal de que las economías mayores y emergentes consideran que, al margen de sus discrepancias sobre subsidios, acceso y agricultura, las bondades del libre comercio han llegado a un tope en el que ciertas protecciones menores son convenientes?.


La continuidad del estancamiento de la denominada Ronda Doha para el Desarrollo muestra que un buen número de Estados, especialmente los que representan a economías mayores, no consideran que una mayor apertura del comercio sea necesariamente bueno para el crecimiento nacional e internacional. De otra manera, deberíamos estar asistiendo al enérgico levantamiento de barreras comerciales para consolidar las inciertas condiciones de la recuperación (cuyo último pronóstico global fue de 3.9% según el FMI).


Especialmente luego de que la administración Obama dejara de lado recatos ideológicos sobre el libre comercio en la última presentación del Estado de la Unión (aunque no señalara en ese momento prioridades entre las vías multilaterales y bilaterales para abrir nuevos mercados) y de que el Comisario de Comercio Exterior de la Unión Europea advirtiera que la UE se mantendrá vigilante contra el proteccionismo (y enfatizara al respecto la normativa de la OMC y los acuerdos de libre comercio pero no los beneficios de la Ronda Doha).


Por lo demás una caída del comercio mundial de -12% el año pasado estimada por el Director General de la OMC como la peor desde la Segunda Guerra Mundial en el marco de una contracción real de -2.2% del PBI mundial (vs el -0.8% en el estimado del FMI) y de una considerable pérdida de empleos (un total de 212 millones de afectados en el 2009 según la OIT), sugiere que los Estados liberales deberían estar realizando todos los esfuerzos para encontrar en el comercio la nueva locomotora del crecimiento referida por el señor Lamy. Pero, en relación a la Ronda, ello no viene ocurriendo.


Y puede ser que no ocurra en el 2010 si el señor Lamy, que se ha esmerado año tras año en llevar la Ronda Doha a una conclusión “ambiciosa” desde que ésta empezó en el 2001, se ve en la obligación de abrir el 2010 con un discurso elemental sobre las bondades del comercio como instrumento creador de riqueza.


Más aún cuando el Director General de la OMC ha parecido dirigirse en esa oportunidad más a los países desarrollados (que han sufrido el mayor embate de la crisis y de los que depende también en buen grado el reinicio de las negociaciones) que a los países en desarrollo.


En efecto el señor Lamy ha destacado que luego de la caída de la demanda agregada y del financiamiento del comercio y de la aparición de ciertos impulsos proteccionistas (resistidos por el sistema multilateral en muestra de eficiencia), viene bien generar en esas economías, a través del comercio, valor agregado (más viable en las economías desarrolladas que en las de desarrollo en un `proporción de 4 a 1 si compara a Estados Unidos con Malasia, por ejemplo) y producir empleo (especialmente donde la dependencia laboral de las exportaciones es mayor como en el caso alemán -22%- , el norteamericano -un décimo del trabajo manufacturero- o China –con un potencial de 40 millones de empleos nuevos en el sector externo-).


A esos estímulos de corto plazo, el comercio agrega beneficios de largo plazo propios de la innovación y transferencia tecnológica implícita en un fuerte nivel de intercambios y de las reformas institucionales consecuentes ha dicho el señor Lamy. Al respecto la mención de los acuerdos de libre comercio ha estado al margen.


Esta clase magistral sobre los principios y beneficios del comercio exterior, sustentada alrededor de las ventajas comparativas, podría ser apropiada para cualquier escuela de relaciones internacionales. Pero si el Director General de la OMC la propone al mundo y, especialmente, a los países desarrollados, es porque los instrumentos políticos para promover la culminación de la Ronda Doha pueden haberse agotado de momento.


Si éste ese fuera el escenario, hace bien el Perú en esforzarse en negociar más acuerdos de libre comercio bi o plurilaterales. Aunque debe hacerlo ya de manera más estricta y asegurándose de que la mayor apertura de mercados va a generar escala, ingresos y empleo en dimensiones razonables.


Eso podría no ocurrirá si un estudio de impacto laboral realizado de esos acuerdos realizado por el BID según el Ministerio de Trabajo, arroja ganancias de apenas 40 mil empleos en diez años (EC, LR). Asumimos que esa noticia (y el estudio que no ha sido difundido) es errada. Pero de no serlo, es evidente que los acuerdos que se negocian deben tener más ambición económica, más cautela con el mercado nacional, mayor rigor negociador y mejor componente político para que una economía chica como la peruana se beneficie de ganancias marginales derivadas de la reinserción global. Ese resultado debe ser acompañado de ganancias políticas más notorias. Y eso tampoco viene ocurriendo.



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