• Alejandro Deustua

El Comercio Exterior Latinoamericano en un Escenario de Crisis

Si la menor contracción relativa de América Latina en el 2009 (-1.8% según CEPAL ó -2.2% según la ONU) y su rápida recuperación posterior han mostrado una aparente menor vulnerabilidad a la gran crisis iniciada el 2008, la fuerte caída del comercio en el área indica que el efecto contractivo puede haber sido mayor de lo que se pensaba. La razón es simple: la fortaleza relativa del sistema financiero regional no ha sido acompañada por la del sector externo de la economía real.


Ello se concluye de la altísima reducción de las exportaciones (-23.5%) e importaciones (-25.2%) del área frente al mundo y dentro de la región en el 2009. Y se confirma en tanto esa contracción registrada por ALADI (1) es más del doble de la experimentada por el comercio global (-12%) estimada por la OMC.

La eventualidad de que ese resultado muestre una vulnerabilidad mayor se hace más evidente todavía si se constata adicionalmente que la reducción del comercio intra-regional (-26.5% para las exportaciones y -27.1% para las importaciones) fue, el año pasado, superior a la contracción del comercio regional total.


Esta debacle del intercambio comercio latinoamericano se refleja además en el hecho de que las exportaciones intra-regionales en relación a las extra-regionales descendieran en el 2009 de 21.9% a 19.5% (un estimado que no proporciona la ALADI pero que se deduce de sus cifras).


Esta caída no refleja las ganancias de autonomía que algunos desean. En efecto, si la correlación entre reducción del comercio global y regional es alta es evidente que el grado de inserción del comercio latinoamericano en el mundo es aún más intensa. Si esa intensidad, caracterizada por algunos como dependencia, era evidente en una economía protegida es claro que ésta se ha incrementado en un contexto de apertura.


Sin embargo, esta realidad, fue eventualmente negada precisamente por los que procuran una mayor integración con la economía global. Esta paradoja se reflejó en el anuncio de una supuesta “desinserción” de las economías emergentes a la luz de su mayor resistencia frente a la crisis financiera. Y también se mostró en los comentarios tranquilizadores de autoridades públicas que aspiraban a no perder la confianza de los agentes económicos (y tampoco de las calificadoras de riesgo) basados en la fortaleza del supuesto “blindaje” de nuestras economías.


Si esto último parecía razonable como reacción política (el Perú, por ejemplo, consolidó la aspiración al grado de inversión al comienzo de la crisis), inhibió también una más rápida reacción para estimular la economía. El lado irrazonable de la reacción llevó a que las autoridades partidarias del libre mercado no tomaran acciones de promocionales o preventivas contagiadas de la esperanza de que la crisis financiera efectivamente no se trasladara a la economía real (o que lo hiciera con menor intensidad). Esa equivocación, que resultó en una cuestionable gestión de la vulnerabilidad, queda expuesta en América Latina por las cifras de la ALADI sobre el desempeño del comercio exterior en el área.


Pero la estadística de ALADI muestra más. Si los efectos de la mayor inserción internacional de nuestro sector externo (no necesariamente la mejor) fue expuesta dramáticamente por la crisis, la gran caída de la demanda en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, no cambió radicalmente a los dos primeros como destino de las exportaciones latinoamericanas ni como fuente de sus importaciones. La estructura de los mercados externos se mantuvo, a pesar de todo.


Si es verdad que las exportaciones a China crecieron 8% el año pasado y que las orientadas a Estados Unidos y la Unión Europea cayeron -23% y-29%, respectivamente, el hecho es que la primera potencia económica siguió siendo el primer destino exportador (US$ 232.2 mil millones en el 2009) y la Unión Europea (US$ 78.0 mil millones) el segundo de ellos. China, con US$ 45.7 mil millones, siguió bien de lejos.


Si la estructura del mercado exportador se mantuvo grosso a pesar del gran shock, cabe preguntarse si la tendencia creciente de las ventas regionales a China es lo suficientemente intensa como para producir el cambio estructural en un plazo cercano.


De otro lado, quedó descolocado el supuesto de que el incremento inercial de los intercambios intralatinoamericanos era suficientemente fuerte como para consolidar el mercado regional a pesar de la complicación de los acuerdos de integración. Así lo demuestra el hecho de que, además de que los intercambios intra-regionales cayeran bastante más que los extra –regionales, 104 de los 130 sectores que sustentan flujos importantes fueran intensamente afectados.


Si ello evidencia la fragilidad de la integración comercial regional, la estadística de la ALADI enseña que la crisis no alteró sustancialmente la estructura organizada por las principales unidades comerciales en la región. En efecto, la gran superioridad del núcleo comercial Brasil-Argentina se mantuvo (ambos concentran el 36% de las exportaciones y 42% de las importaciones intra-regionales), mientras que el núcleo colombiano-venezolano mantuvo su posición (a pesar de adicionales fricciones políticas) y la relación de Brasil y Argentina con Chile no sufrió merma en su jerarquía.


De esta conclusión se obtiene una evidencia adicional: la fuerte caída de los intercambios no fue acompañada por cambios estructurales de los mercados global y regional definidos por sus unidades económicas.


En ese contexto, el Perú sí perdió posiciones en la región pues en tanto las exportaciones intra -regionales de Argentina y Brasil cayeron -14.3% y -16.4%, respectivamente, y las de Chile descendieran -30.8%, las de Perú se derrumbaron en -36% según la ALADI. Las exportaciones a Argentina fueron, en apariencia, las más afectadas por valor y status. En cambio las exportaciones a Brasil, Chile, Ecuador y Colombia perdieron valor pero no posición. De ello se concluye que las pérdidas comerciales peruanas tampoco fueron alteradas por un cambio estructural en sus interlocutores.


En resumen, en relación a los flujos se puede decir que si bien la crisis global ha mostrado que la alta vulnerabilidad del sector externo regional es la contraparte de su mayor inserción global, también ha evidenciado que esa inserción debe ser mejor gestionada frente a los schoks externos. Ello implica una más rápida y más coordinada adopción de políticas reactivadoras en el área y un esfuerzo de largo plazo de diversificación exportadora. Si bien la coordinación de políticas no tendría ningún efecto en el comercio extra –regional porque buena parte de la región toma precios de commodities, un buen resultado debe lograrse en el mercado regional. Lamentablemente, las diferencias de enfoques económicos y la necesidad de una buena mayoría de economías nacionales de mejorar su inserción extra regional, no contribuyen a ello.


En relación a la estructura comercial externa debe recordarse que si bien la región no puede inducir cambios por sí sola (salvo en algunos sectores específicos), sí puede mejorar su situación procurando variaciones internas. Así, si la alta sensibilidad del sector externo explica ahora la recuperación exportadora, el proceso de reinserción consecuente debería orientarse a diversificar las exportaciones.


Si la demanda asiática (China) no alienta la diversificación aún, el bajo crecimiento europeo tampoco la estimula y la desaceleración del consumo norteamericano funciona como barrera de corto plazo, nuestros Estados deben procurar acompañar el impulso de la recuperación global con decisiones promotoras de la diversificación. Si ésta no se incrementa afuera, es necesario hacerlo adentro. A ello pueden contribuir los Estados liberales del área. Los demás se podrán ir añadiendo.



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