• Alejandro Deustua

Brasil y Desorden Regional y Global

Son pocos los países que puedan superar a Brasil en armar una fiesta (el carnaval, la Copa del Mundo) y en amenazar con frustrarla.


Esta particularidad anímica, que se materializó en protestas en el 2013, quizás se mantenga hasta las elecciones de octubre a pesar de la recuperada intención de voto por la Presidenta Rousseff (38%).


En efecto, el malestar económico ya aparece en las encuestas y en la opinión de analistas que anuncian un descenso de expectativas de cara a un crecimiento mezquino este año (menos del 2.3% % que señala la CEPAL).


El ánimo no cambiará mucho si el crecimiento no repunta el 2015 (y no lo hará) especialmente si se le compara con el ciclo chino de altos precios de las materias primas.


Y si el bajo desempleo (5.1%) aliviase el mal humor colectivo, la fuerza de la inflación (6.15% en los últimos 12 meses) y especialmente la de un futuro ataque de austeridad lo empeorará.


Ese estado de ánimo se transformará en malestar superior cuando se produzca (como debiera) el recorte del exceso de gasto fiscal, la evidencia fétida de las cuentas del Mundial, el descenso del crédito y el recorte de subsidios (que obstaculizará una pendiente reforma laboral).


Ello indica que Brasil, cuyo sitial entre las 10 mayores economías del mundo no se discute, no será, por cuarto año consecutivo, un motor de la economía suramericana complicando su rol de líder regional.


Ello tendrá, un considerable impacto externo a la luz de la decadencia de los BRICS (Rusia crecerá apenas 1.3% este año según el FMI –proyección castigada por el costo de su involucración en Ucrania- y Suráfrica sólo 2.3% con una modesta perspectiva de 2.7%). De esa situación probablemente escapará India con 5.4% y 6.4% el próximo año (siempre que el gobierno del Sr. Modi no desate una conflagración entre hindúes y musulmanes) y si China mantiene el curso de aterrizaje suave (que ya descendió a 7.3%) en el difícil tránsito del modelo económico.


A pesar de que las economías emergentes y en desarrollo seguirán siendo vitales para el crecimiento global, en el plazo inmediato el rol de liderazgo seguirá retornando a los desarrollados (siempre que los riesgos deflacionarios europeos no se materialicen, Estados Unidos siga creciendo sin sorpresas del “tapering”, los riesgos geopolíticos no empeoren más de lo que ya ocurre y el sistema internacional no se deteriore más).


Con la reducción de la perfomance de Chile y la fragmentación regional subsistente, Suramérica tendrá al Perú y Colombia como mejores expresiones del crecimiento pero sin capacidad de arrastre en un clima de negocios deteriorado (FGV-ICE).


Así, mientras Asia sigue creciendo (y armándose) América Latina seguirá perdiendo terreno competitivo.


Ello hace aún más urgente un cambio político en el Brasil cuyo partido de gobierno cumplirá doce años en el poder para volver a pensar en la integración como un liberal mercado de escala.


En este punto, sin embargo, el ALBA, y especialmente la alianza Venezuela-Cuba (el gran lastre de la región) es un obstáculo mayor que debe ser superado.


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