• Alejandro Deustua

BID: El Poder se Impone

En circunstancias normales la elección de un nuevo presidente del BID sería una noticia menor. Pero las que se realizarán este fin de semana (fecha todavía cuestionada) tiene carácter excepcional: el tránsito de un hecho de escasa dimensión política regional a uno que implica una disputa de poder hemisférico e inter-regional.


Cuatro factores explican este escenario. El primero supone la quiebra del régimen informal sobre la ciudadanía del presidente del banco que es el mayor financista del desarrollo latinoamericano (el BID supera al Banco Mundial con compromisos en el área de entre US$ 12 mil y US$ 13 mil millones anuales).


Ése régimen fue establecido por el presidente Eisenhower y sus colegas hemisféricos en 1959. Ellos convinieron en que a cambio de que la sede de la entidad radicara en la capital norteamericana, la presidencia correspondería a una personalidad latinoamericana.


Ese tipo de arreglos informales fueron el patrón de la época para atenuar la apariencia del dominio financiero multilateral norteamericano. Así, la presidencia del FMI correspondería a un ciudadano europeo y la del Banco Mundial a uno norteamericano mientras las sedes radicarían en Washington DC.


Luego, con la globalización avanzando y la hegemonía norteamericana decayendo el concepto de que la presidencia de un banco multilateral correspondiera más a los méritos tecnocráticos que al lugar de nacimiento del candidato parecía razonable.


Pero el proceso de globalización se fue fragmentando y los Estados recuperando presencia. La elección del Sr. Trump transformó esa reversión en anti-multilateralismo.


Ello dio pie al segundo factor explicativo de la conflictiva elección presidencial del BID. Como el Sr. Trump entiende el unilateralismo como confrontación con organismos internacionales y recuperación del control soberano entendido como poder, éste se predispone a imponer su dominio, con los apoyos regionales del caso, sobre la gestión del financiamiento del desarrollo regional.


Complementariamente, el Sr. Trump entiende, correctamente, que debe limitar el avance estratégico chino. Éste se expresa, con fuerza, también en el financiamiento de la región: sólo la banca de desarrollo chino ha colocado préstamos en el área por US$ 141 mil millones entre 2005 y 2018 (casi 50% para Venezuela) (IAD). Ésta es la tercera explicación.


Y la cuarta se refiere a la oportunidad de la candidatura norteamericana: si el Sr. Trump gana las próximas elecciones norteamericanas habrá cubierto una plaza desatendida en momentos de fuerte competencia interregional. Y si pierde, él quisiera dejar instalado un contralor radical del Partido Republicano en el BID, el Sr. Claver-Carone, empleando el predominio en su accionariado (30% plus) a pesar de las preferencias contrarias en el Cono Sur y de accionistas europeos y asiáticos.


Aunque tardíamente, parece sensato postergar la elección presidencial del BID hasta después de las elecciones norteamericanas de noviembre para buscar un candidato latinoamericano amigo de Estados Unidos.


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