• Alejandro Deustua

Argentina y Uruguay: Quebrando el Orden y Restableciendo el Sistema

El aparente éxito del canje de deuda Argentina logrado bajo términos impuestos por el gobierno del señor Kirchner y la toma de posesión del primer gobierno de izquierda en Uruguay son dos acontecimientos antisistémicos que el sistema procurará rápidamente absorber.


En el primer caso, la aceptación de alrededor de 75% de la oferta bonos argentinos indica que el mercado ya ha asimilado la "quita" del 50% de su valor como controversial instrumento de solución de cesación de pagos. Ahora resta que las instituciones, -el FMI y el Grupo de los 7-, convaliden el retorno argentino a los mercados que el presidente Kirchner ya oficializó. Ni el Fondo (que ha condicionado su visto bueno a una alta aceptación) ni el G7 (algunos de cuyos miembros como Italia y Japón se sienten timados) estarán encantados de dar su visto bueno a una operación que ha supuesto un recorte acorde con la capacidad de pago de una deuda de US$ 81.1 mil millones (US$ 102.6 mil millones si se suman los intereses). Pero probablemente lo harán optando por la estabilidad pragmática antes que por la reversión de una transacción onerosa que resuelve una crisis de pagos en un contexto de fuertes desequilibrios financieros globales.


Teniendo en cuenta, además, que no todos los inversionistas saldrán perdiendo con el canje (los institucionales recompraron bonos a menos de 30 centavos por dólar y los canjearon por papeles denominados en algo más que eso, intereses reconocidos y rendimientos atados a la creciente perfomance del deudor), que el desorden de la deuda Argentina se ha revertido (152 tipos de bonos se han reducido a 3) y que es necesario que el precedente no genere más daño al sistema, éste procurará que la quiebra de sus reglas no devenga en el cuestionamiento generalizado de sus principios (el cumplimiento de las obligaciones).


De otro lado, la toma de posesión del presidente Tabaré Vásquez electo en octubre último, ha formalizado también la quiebra del orden establecido: el centenario sistema bipartidista uruguayo ha dejado de existir. El cambio que se ha producido en la República Oriental no es por tanto sólo el que proviene del inédito acceso de la izquierda al poder. Se trata de la alteración de un sistema político que permitió sólo extraordinariamente el golpe de Estado y que fue, hasta la década de los 60 , la referencia democrática en América Latina. Quebrada ésta por la violencia guerrillera y la dictadura y alterado el Estado de bienestar por la reforma económica y la descomposición social, Uruguay mantuvo una organización partidaria fuerte.


Hoy ésta es innovada por la agrupación Encuentro Progresista, Frente Amplio y Nuevo Espacio. Aunque esta organización no es un partido, tampoco es un frente que surge sólo por la coyuntura electoral ni el presidente Vásquez desea incrementar su naturaleza antisistémica. Su promesa de cambio se enmarca en un gobierno no sectario, en redistribuir produciendo y sin alterar la estabilidad, priorizar la integración regional y la buena relación con Estados Unidos. La implementación de un orden más justo dependerá de su capacidad de resistir la presión del "ala tupamara" y de la responsabilidad de un presidente que, desde la Intendencia de Montevideo, ya conoce el valor de la gobernabilidad. Como Argentina en lo económico, Uruguay sale de un sistema tradicional para ingresar a otro consensual, no para establecer un orden marginal.

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