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  • Alejandro Deustua

El Sistema Internacional en el 2005

30 de diciembre de 2005



El 2005 culmina con una economía global en crecimiento (aunque atenuado), una situación de seguridad internacional no inestable (pero aún en tensión estructural y regional) y un sistema multilateral que no logró cuajar resultados de mayor liberalización comercial y de mejora de la seguridad colectiva (pero que espera hacerlo en el 2006). La economía global creció este año 3.3% (según Cepal) estableciendo un nivel bastante inferior al proyectado en setiembre por el FMI (4.3%) pero suficientemente favorable para generar un entorno estimulante de la perfomance de los países en desarrollo que crecieron 5.7% . De ese contexto se benefició el esfuerzo latinoamericano cuyo aceptable desempeño de 4.3% (Cepal), sin embargo, siguió perdiendo terreno en relación al Asia y frente al requerimiento del crecimiento necesario para reducir sustancialmente la pobreza y crear empleo significativo (7%). A pesar de ello la perfomance fue suficientemente vigorosa como para proyectar más crecimiento el 2006 (4.1% según Cepal) en un contexto económico global que también continuará expandiéndose aunque desacelarademente. Esa progresión fue apuntalada por un crecimiento del comercio internacional de 7.3% según la OCDE, persistentemente superior a la tasa de crecimiento de producto global. Aunque a velocidad menor, el 2006 debiera continuar experimentando un incremento de los intercambios de bienes y servicios. Ello ocurrirá siembre que los riesgos que presentan los desequilibrios globales (los déficits norteamericanos y los superavitas asiáticos), el alto precio del petróleo y la fragilidad del “boom” de bienes raíces (especialmente en Estados Unidos) puedan ser contenidos.

Aunque una evaluación rápida sobre el estado de la seguridad internacional puede ser desacertada, se puede afirmar que el sistema internacional tampoco consolidó en el 2005 un orden internacional estable. Su condición transicional se vio, más bien, fortalecida por el incremento del vigor de la emergencia de nuevas potencias aspirantes a un status mayor. El caso de China es el más evidente considerado de manera integral: su creciente capacidad económica no dejó de lado una vocación por constituirse en la potencia asiática militarmente prevaleciente en el Asia. La emergencia polivalente de la India fue también más visible en el 2005.


Y en una dimensión sólo militar –vinculada al desarrollo nuclear- la emergencia de Irán como aspirante a un mayor status fue equivalente a la dimensión del problema de proliferación que ese Estado plantea a la comunidad internacional y probablemente superior al desafío de Corea del Norte. En la dimensión económica, el activismo de Brasil (especialmente en el ámbito de la OMC) fue demostrativo de la fortaleza de su nuevo impulso global. Esta situación fue contestada multidimensionalmente por la única superpotencia. En el ámbito militar la respuesta se manifestó insuperable: Estados Unidos continuó liderando el esfuerzo por la estabilización del Medio Oriente y la reconstrucción del Estado irakí en medio de un conflicto “intratable”, afirmó un rol en Asia, no cejó en el ejercicio de su responsabilidad global y se asignó, en medio la reducción de bases y tropas, un presupuesto de defensa superior a los US$ 400 mil millones (monto inalcanzable por el conjunto de las potencias emergentes). Aunque ese rol fue respaldado por la OTAN, la visibilidad de la Alianza Atlántica no fue alta. Ésta, sin embargo, mostró más cohesión (Afganistán, Irak) en escenarios post-conflicto que en el 2003.


En el 2005, el ámbito de los conflictos regionales se redujo. En este acápite la comunidad internacional obtuvo ganancias de seguridad manifiestas. Y aunque éstas fueron puestas en cuestión por la sangrienta prolongación del conflicto en Irak, el hecho es que allí también fueron apuntaladas por el desarrollo del proceso político: tres consultas populares bajo el amparo de la ONU, la promulgación de una Constitución por un instancia electa y la elección de un Parlamento del que emerjerá un gobierno iraquí de legtimidad nacional evidencia el avance. Aunque éste haya sido cuestionado por la divisiones internas (especialmente por los suníes) y que el resultado no asegure estabilidad aún, el progreso es visible teniendo en cuenta la dimensión del conflicto. Para que éste continúe, la presencia de tropas de la Coalición deberá ser efectiva por un buen tiempo todavía aún en el marco de una reducción esperable.


De otro lado, aunque la ofensiva del terrorismo transnancional continúa, ésta no ha realizado progresos visibles más allá del atentado en Londres. Mientras tanto, el esfuerzo contra la proliferación de armas nucleares y de destrucción masiva ha ganado en legitimidad (el premio Nobel a la AIEA) y en eficiencia (la contención de Corea del Norte y de Irán) pero no ha logrado aún resultados tranquilizadores. El 2005, por otra parte, no fue un año de éxitos para el sistema multilateral pero sí de gran dinamismo. La Asamblea General de la ONU que se instaló en setiembre fue precedida por una cumbre que no logró precisamente resultados mayores. La reforma del Consejo de Seguridad parece estancada. Y las decisiones sobre confrontación del terrorismo global, el incremento de las capacidades para organizar operaciones de mantenimiento de la paz y la reorganización de la entidad cautelatoria de los derechos humanos que debrán adoptarse en el 2006 indicarán cómo progresará la ONU. Ese proceso estará permeado, sin embargo, por la elección de un nuevo Secretario General sobre cuya candidatura no hay aún certidumbre posible. La ronda Doha, de otro lado, logró salvar formalmente, en Hong Kong, el estancamiento en que se encontraba. Si la concurrencia masiva (149 delegaciones) dan muestra de su vitalidad, ésta no parece demasiado fértil si se considera que apena se logró un plazo condicional para la cancelación de los subsidos a las exportaciones agrícolas y acuerdos específicos de acceso a los mercado para ciertos productores de algodón y para un grupo de países menos desarrollados. Nada ocurrió en el campo de la reducción de aranceles, de la liberación del comercio de manufacturas y de servicios y, especialmente, en el de beneficios para los países de “mediano” desarrollo como el Perú. Por lo demás, el más avanzado de los esquema de integración –la Unión Europea- sufrió percances serios en el 2005: la reprobación de la Constitución europea en Francia y Holanda, las difíciles discusiones sobre el presupuesto comunitario y la debilidad de las principales economías europeas (que ponen en duda la eficiencia del pacto de estabilidad y, para muchos, también la del BCE) han generado malestar con el proceso de integración en un año en que la ampliación a los 25 debía ser mejor consolidada. En América Latina las divergencias políticas y económicas en el ámbito de la CAN y del MERCOSUR no replicaron las complicaciones europeas pero sí la disconformidad con esos procesos. Ello incrementó el interés de algunos países andinos, como el Perú, por una rápida culminación del TLC con Estados Unidos en un marco de creciente inestabilidad y fragmentación regional.

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