• Alejandro Deustua

Un Alarmante Proceso Electoral

La escasez de propuestas, la extraordinaria hostilidad desplegada en el proceso electoral y el norteamericano y la intervención del FBI son señales alarmantes de la fragilidad del liderazgo de la primera potencia. Su erosión es, a su vez, un serio factor de inestabilidad en un sistema internacional mutante que está lejos de haber consolidado un nuevo equilibrio.

Con tal pérdida de calidad el componente cuantitativo de ese liderazgo adquiere una nueva importancia. Éste parce sólido en capacidades tecnológicas (de las que se puede esperar una nueva revolución), económicas (Estados Unidos ha superado la crisis y se mantiene como primera economía nacional) y militares (las capacidades y el gasto norteamericanos en el sector sigue siendo insuperables).


Pero estos factores son relativizados porque el promedio de la calidad educativa norteamericana ha decaído, su economía no crece de acuerdo a su potencial y su potencial militar ha perdido capacidad de cambiar conductas. A ello se agrega la debilidad de planteamiento mostrada por sus candidatos presidenciales.


En esa debilidad resalta la pérdida de consenso sobe cuáles son los intereses estratégicos fundamentales norteamericanos. El más llamativo es el cuestionamiento que el candidato Trump hace sobre el valor de sus aliados. En vez de convocarlos, Trump ha reclamado pago efectivo a cambio de protección (el caso OTAN) pensando que Estados Unidos puede recuperar su “grandeza” (quiso decir hegemonía) sin su contribución.


A ello el candidato agrega total carencia de visión estratégica regional. En relación al Asia, plantea una confrontación con China en el ámbito económico (medidas coercitivas para corregir distorsiones monetarias, comerciales y de comportamiento) y divaga sin precauciones sobre la opción nuclear en el caso de Corea del Norte. Rusia en cambio se le muestra como un actor de convergente racionalidad nacionalista en momentos en que la relación con esa potencia se fricciona peligrosamente. Y en la Unión Europea, de la que no se preocupa, el Brexit le parece formidable mientras reclama a la UE acción en Ucrania.


En esa tuerta perspectiva, América Latina se define apenas en la exigencia del muro mexicano y en el insulto a sus migrantes olvidando que la región recibe alrededor de 25% de las exportaciones norteamericanas (buena parte de las cuales van a México).


Estos argumentos que exaltan el nacionalismo predominante, ignoran consideraciones sobre cambio estructural, interdependencia o integración.


La Sra. Clinton no se queda atrás en la materia. Un cliché -el “smart power” -la combinación ad hoc de todos los atributos del poder- resume su instrumental estratégico mientras que en los escenarios mencionados opta por una posición mixta de cooperación y presión sin objetivos claros.


En materia económica las opciones electorales se presentan entre más o menos proteccionismo, especialmente vía oposición a acuerdos de libre comercio.


Sin la menor consideración por el desplome del comercio mundial por debajo de la producción Trump se opone al TPP y revisará o destruirá el NAFTA en claro anuncio de lo que espera a los demás acuerdos firmados por Estados Unidos. La Sra. Clinton tampoco aprueba el TPP, aunque podría replantearlo de acuerdo a objetivos estratégicos válidos para los demás acuerdos antes que por ganancias de mercado. Ignorando quizás la existencia del USTR ella optaría por un superintendente de esos acuerdos.


Sólo la destrucción del ISIS parece congregar a ambos candidatos. Pero la lucha antiterrorista, que es compartida, no es la razón de ser de la primera potencia. Los demás tendremos que recordárselo y asumir mayor responsabilidad internacional.


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