• Alejandro Deustua

2016: Balance Global

A fin de año el sistema internacional sigue lejos de un nuevo equilibrio, el proceso de globalización parece menos cohesivo y el sistema de gobernanza global está en explícita alerta. En ese contexto la inserción de la América Latina no ha mejorado.


Aunque el desequilibrio de poder no desconoce la superioridad de las capacidades norteamericanas, la erosión de su habilidad ordenadora (matizada por el acuerdo iraní), es clara en Europa del Este, el Medio Oriente y Asia. En los dos primeros escenarios Rusia ha avanzado consolidando Crimea y adquiriendo poder militar decisivo en Siria. Y el predominio chino en su zona de influencia marítima se ha intensificado poniendo a prueba las alianzas militares norteamericanas en el área. En ese escenario la reemergencia anunciada por el Sr. Trump será costosa.


Si un nuevo balance se abre paso en esas zonas, en el centro de la conflictividad cruda la quiebra del Estado y el vacío de poder han premiado los excesos del uso de la fuerza sin que menguaran conflictos o tensiones tradicionales (Corea del Norte, la tensión ruso-norteamericana y sino-americana, etc.) ni amenazas o problemas globales (migración, medio ambiente, etc.).


Entre éstas, el terrorismo islámico ha expandido su ámbito de acción a 28 países (especialmente de la OCDE) a pesar de que su núcleo (cuatro organizaciones incluyendo el ISIS) ha sido debilitado.


En ese contexto, la emergencia del nacionalismo económico en Estados Unidos, el Reino Unido (Brexit), Francia (la proyección Le Pen) que reclama soberanía, cuestiona la integración y/o exalta el proteccionismo, revalúa el rol del Estado.


La mediocre perfomance económica de este año (apenas 2.2%) no se ha reflejado sólo en el deterioro político de los países desarrollados y en desarrollo. El debilitamiento de la inversión extranjera directa y del comercio global lo ha acompañado.


En el primer caso, la disminución del flujo (-5% en el 1er semestre –OCDE-) extendió su desaceleración hacia los países en desarrollo desde su último ápice en 2010 (FMI). En el segundo, una caída de 2.3% en 2015 a 1.7% este año (CEPAL) consolidó peligrosamente la ruptura de la tendencia que en la postguerra mostraba al comercio creciendo más que el producto (8% y 5%, respectivamente, OMC).


La recuperación del comercio global en el 2017 seguirá el paso del escaso ritmo del crecimiento económico y quizás aún por debajo de su nivel. Y a condición de que el proteccionismo no lo desacelere más y que los esquemas de integración no sucumban a mayor desafiliación. Sin embargo la red de interdependencia, que muestra la gran expansión del mercado hasta el 2008, no detendrá los nuevos flujos de la revolución tecnológica.


La extraordinaria complejidad de esta fenomenología puede intensificar la brecha entre los que perciben los beneficios de la interdependencia y los que quedan al margen. Esa problemática desestabilizadora complica la gobernanza global que, a pesar de éxitos en el 2015 (COP 21), el nuevo Secretario General de la ONU no se ha inhibido de destacar.


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