• Alejandro Deustua

Tendencias del Comercio Mundial y Latinoamericano en el 2007

Aunque aún no se cuenta con la estadística pertinente, es probable que la desaceleración de la economía mundial se refleje este año en una menor tasa de crecimiento del comercio. Sin embargo, si ese resultado se comprueba -y Estados Unidos no incurre en recesión-, éste se seguirá ubicando en la tendencia creciente de los intercambios globales que apuntan, hacia el 2030, a un total estimado en US$ 27 millones de millones (incluyendo el comercio de todos los servicios según el Banco Mundial (1)).


En todo caso, una menor tasa de crecimiento superará este año los US 12083 mil millones en intercambios de mercancías y los US$ 2755 mil millones en transacciones de servicios comerciales (que no incluyen los financieros, de transportes, etc según la OMC (2)). Así, asumiendo que la tasa de crecimiento del comercio de mercancías alcanzara en el 2007 un modesto 6%, el total del comercio en ese rubro ascendería a cerca de US$ 16000 mil millones este año.


Para llegar a esa conclusión debe considerarse que el año pasado el comercio de mercancías creció 8% (y el comercio total cerca de 9%) muy por encima de la tasa del PBI mundial. En este nuevo ciclo, ello viene sucediendo por lo menos desde el 2002.

Una de las características de esta extraordinaria expansión comercial, que ocurre a pesar de los fracasos de la Ronda Doha, consiste en que la velocidad de crecimiento del comercio generado por los países en desarrollo (9.1%) es superior a la de los países desarrollados (7.1%) según el Banco Mundial. Esta cifra, sin embargo, no esconde la realidad de que alrededor del 90% del comercio mundial de mercancías ocurre entre un 20% de exportadores según la OMC.


A este elemento concentrador de flujos (que debiera distenderse con mayor número de agentes influyentes en los precios) se añado otro: las regiones. En efecto, el comercio intraregional (53%) supera largamente al comercio interregional (26%) en este momento globalizador. Y si el comercio genera riqueza y bienestar, ello indica que hay ciertas regiones que obtienen estos beneficios en dimensiones muy superiores a otras. Entre las primeras no está América Latina que apenas tiene una participación de 2.5% del comercio intraregional total mientras que Europa ostenta el 31%, Asia el 14% y Norteamérica el 8%.


Lo mismo ocurre con los servicios donde Europa abarca el 54% mostrando que sus niveles de modernidad y progreso no han caducado si se mide por el efecto de este tipo de transacciones. Para corroborarlo, Alemania ha superado a los Estados Unidos como primer exportador mundial (9.2% vs 8.6% del total en el 2006) De manera contrastante, el conjunto de esta estadística muestra es que la mala perfomance de la integración suramericana debe ser corregida y complementada por el comercio intrahemisférico.


Ello deriva de la evidencia de que ningún país latinoamericano se encuentra entre los primeros 20 exportadores, que su nivel promedio de integración al mundo estaba el año pasado por debajo del promedio mundial (medido en términos de peso del comercio externo en el PBI) y que el grado de concentración de sus exportaciones permanece muy alto según las fuentes consultadas.

Aunque estas características se enmarcan dentro de la tendencia general de mayor apertura e integración comercial globales, es evidente que a pesar de los esfuerzos de economías como la peruana, la chilena o la mexicana a la región le queda mucho camino por recorrer si no desea seguir perdiendo piso en el mercado global. El hecho de mantener altas cuotas de mercado en sectores primarios como la minería no agrega bienestar ni poder relativos si se considera que la brecha estructural con Asia se va ampliando y la circunstancial con África se va achicando (la exportaciones del África Subsahariana crecieron el año pasado el año pasado 8% mientras que las de América Latina lo hicieron a una tasa de 7.2% según el Banco Mundial).


Ello nos indica que la región no puede seguir condicionada al anacronismo que imponen economías con la venezolana o la boliviana, que los países grandes cuyo peso exportador es menor de lo que debiera debido al tamaño de su mercado interno (como Brasil) deben hacer un esfuerzo adicional y que iniciativas como la del arco del Pacífico latinoamericano debe ampliarse a Norteamérica.



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