• Alejandro Deustua

Primarias en Estados Unidos

Las primarias de Iowa confirman que Estados Unidos ha ingresado a una etapa de fuerte polarización política definida por el éxito de candidatos radicales y eventualmente mediada por otros que deberán hacer concesiones a los extremos para intentar la nominación partidaria en julio próximo.


Así, entre la opción religiosamente conservadora de Ted Cruz y el socialismo clasista de Bernard Sanders, el electorado republicano y demócrata sólo podrá optar por conservadores tradicionales más derechizados (Marco Rubio, que deberá buscar apoyo en la ortodoxia republicana en New Hampshire) o centristas a la defensiva (Hillary Clinton que ya debió anunciar, entre protestas, que ella es también progresista para no perder el incierto 0.3% de liderazgo en el lado demócrata).


Aunque las elecciones presidenciales norteamericanas se realizarán recién en noviembre, las primarias de Iowa marcan un derrotero sobre quiénes serán los candidatos que se presentarán a los comicios definitivos. A esa función agorera se sumarán, el 9 de febrero, las primarias de New Hampshire para anunciar un resultado casi infalible: desde 1980 por lo menos los ganadores de las primarias de Iowa y/o New Hampshire han sido los candidatos que compitieron finalmente por la presidencia de los Estados Unidos (Prokop).


Las formalidades de este proceso de consultas en dos Estados de pocos electores y delegados (que se sumarán en julio a los de los 48 Estados restantes en una gran convención nacional), tienen explicación menos compleja que el ambiente ciudadano que hoy lo rodea.


En efecto, el malestar social y político que se afianza en Estados Unidos cuando su economía marca el paso de la recuperación de las potencias mayores (2.6% en el 2015 y 2016, FMI), con un muy bajo desempleo (5%, BLS), el consumo privado creciendo (OECD) sin castigos inflacionarios y el mercado de valores aún en el escalón más alto (el Dow subió de 7 mil puntos en 2009 a 18 mil en mayo de 2015 para situarse en 16 mil ahora).


Sin embargo, el crecimiento es insuficiente, a pesar del FED la confianza en la economía real no es buena (los malos resultados de la actividad industrial acaban de inducir una reducción de 2% en los índices bursátiles), la intranquilidad con el déficit fiscal y la deuda se mantiene, la insatisfacción con la calidad del empleo y los salarios es manifiesta y el disgusto por la desigualdad crece (Gallup).


De ello da cuenta la reacción del socialista Sanders, que llamó a la revolución en Iowa para acabar, a base de impuestos a los ricos, con las privaciones y alta deuda de los más pobres. Y también la del republicano Cruz que sustentó su victoria mesiánica en la gloria divina. Estas pueden ser respuestas norteamericanas a la crisis norteamericana. Pero su manifestación populista se ha expresado también en Europa como reacción a la crisis del 2008, a las migraciones masivas y a la pérdida de credibilidad gubernamental e institucional que se generaliza.


En ese marco se inscriben propuestas disfuncionales de política exterior dominadas por una visión nacionalista, de seguridad nacional y antiliberal. Mientras Cruz y Trump perciben a los rivales como enemigos y la migración debe ser bloqueada (Medio Oriente, México), Sanders, más abierto en materia migratoria, comparte con Cruz su oposición a los acuerdos de libre comercio.


América Latina, que es vista a través del prisma migratorio y cubano quizás esté mejor servida con Rubio (que se ha opuesto a la apertura incondicional a Cuba) o con Clinton (que en la campaña subraya la necesidad de redistribución de la riqueza en el área). New Hampshire dirá.


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