• Alejandro Deustua

Más Divergencia Americana

México y Colombia tienen hoy presidentes electos cuyas contundentes victorias debieran garantizar a ambos las mejores cotas de gobernabilidad y de sustento de política exterior.


Sin embargo, la gestión del triunfo arrasador, en un caso, y del polarizante, en el otro, puede encontrar problemas propios de la ausencia de consenso por gran desequilibrio de fuerzas. En esa medida, la complicación de la proyección externa puede ser una consecuencia.


En el caso mexicano la jibarización de la oposición insinuada en las urnas y un replanteamiento de la versión anacrónica del principio de no intervención pudiera revivir la figura de la autoridad todopoderosa y del nacionalismo superado.


En efecto, como si estuviéramos en los tiempos del viejo PRI, el Sr. López Obrador ha anunciado que en función de aquél principio dejará de ejercer la acción colectiva que, con exceso de prudencia, realiza hoy el Grupo de Lima para que Venezuela retorne a la democracia, al Estado de derecho y contribuya a atenuar la grave crisis alimentaria y de salud pública que Maduro ha impuesto a su ciudadanía.


Si ello es una muestra de sus nuevos parámetros externos (que complementan no muy antiguos elogios al castrismo), la vocación latinomericana de ese presidente electo podría plantearse en un rol provenezolano en la aproximación al UNASUR (del que no forma parte) a costa del rol prodemocrático que, en la OEA, desempeña su Secretario General.


Y aunque la relación con Estados Unidos sea visualizada de manera pragmática, la forma cómo el Sr. Trump ha trozado el NAFTA, violentado a los migrantes y aplicado aranceles punitivos a las exportaciones mexicanas de acero y aluminio facilita una racionalidad antagónica muy difícil de limitar. Al respecto la retaliación mexicana del presidente Peña Nieto podrá parecer insignificante y, por tanto, digna de ser superada.


En ese marco se entiende la disposición de AMLO a diversificar relaciones con un criterio de balance con potencias medias en el que la relación con la Alianza del Pacífico no parece ser priorizada.


En cambio, el presidente electo Duque en Colombia tenderá a actuar en sentido contrario a México: potenciará su relación con Estados Unidos, se retirará del UNASUR provenezolano, tratará de aislar a Maduro, promoverá activamente la democracia representativa y tendrá menos necesidad de balance extraregional.


Sin embargo, ninguno de los dos gobernantes podrá escapar al contexto de incertidumbre que genera la guerra comercial iniciada por Estados Unidos contra aliados y rivales. Si el agresivo escalamiento arancelario norteamericano ya incluye a México, no exime a Colombia de esas medidas. Y tampoco de su impacto indirecto en el precio de los commodities.


Los nuevos posicionamientos que ello plantea a la región están pautados por tendencias antiliberales que el Sr Trump induce, ojalá temporalmente, excluyendo a su país del rol cohesionador que le cupo en Occidente.


México, por su vecindad y dependencia de Estados Unidos, tendrá más dificultades que Colombia en atenuar esa disfunción sistémica.


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