• Alejandro Deustua

La Renovada Amenaza Norcoreana

La amenaza permanente que plantea la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) acaba de potenciarse en dos escenarios: el correspondiente a un salto estratégico (si resulta cierto el anuncio norcoreano de que ha probado exitosamente una bomba de hidrógeno) o el del simple escalamiento (que desafía el régimen de sanciones y prohibiciones impuesto por el Consejo de Seguridad para inhibir a esa potencia hostil de realizar pruebas nucleares, desarrollar artefactos balísticos y enriquecer material nuclear). La incertidumbre sobre la nueva intensidad de la amenaza le agrega riesgo.

Al respecto, el Estado norcoreano ha violado las resoluciones 1718, 1874, 2087 y 2095 del Consejo que fueron impuestas bajo el Capítulo VII de la Carta en el 2006, 2009 y 2013 (dos en ese año).

Algunos piensan que esa potencia busca nuevamente un escenario negociador que le permita latitud interactiva tal como ocurrió luego de que anunciara, en 1994, su intención de retirarse del Tratado de No Proliferación (al que adhirió en 1985 sin suscribir medidas de salvaguardia con la Agencia Internacional de Energía Atómica). Igual ocurrió cuando accedió a las “Conversaciones de los 6” (Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos, China Japón y Rusia) que concluyeran en el 2009 cuando esa potencia, luego de ganar interacción político, lanzó un satélite prohibido.

Para propósitos analíticos registramos dos tipos de aproximaciones generales a la amenaza. De un lado, la que promueve una nueva interacción diplomática (p.e., la reanudación de las “Conversaciones de los 6”) para neutralizar el desafío. Esta propuesta prefiere no tener en cuenta la necesidad de un superior respaldo de fuerza militar indispensable en esta oportunidad.

Del otro está la que se inclinaría por una solución militar múltiple (desde bloqueo multidimensional hasta la amenaza y acción militar directas). Esta opción no parece percibir adecuadamente el inmenso costo inherente a la misma (que puede conducir a un conflicto mayor que, expandido desde la península coreana, implicaría la probable destrucción de la misma y, por lo menos, la quiebra sin retorno de la complementariedad de intereses entre las grandes potencias involucradas).

La variedad de opciones intermedias quizás deba, sin embargo, escapar tanto a la preferencia diplomática con algo de respaldo de fuerza militar como a la que combina diplomacia y disposición miliar en una suerte de partes iguales. La situación creada por Corea del Norte ciertamente reclama hoy una alternativa diplomática pero amparada en una más intensa plataforma de poder efectivo (lo que, eventualmente, reclamaría, como propone Stavridis, preparación para el peor escenario).

La intensidad de esta respuesta dependerá de la realidad de la amenaza y no sólo de su mera percepción o de la calificación de la misma por la potencia hostil. En efecto, si Corea del Norte no ha probado aún la bomba de hidrógeno (una fuerte posibilidad a la luz de las mediciones del impacto de la prueba realizadas hasta hoy en Corea del Sur y potencias occidentales) pero ha llevado a cabo una prueba nuclear de intensidad considerable estamos frente a un chantaje mayor que anuncia que, como ha ocurrido en el pasado, Corea del Norte estaría en camino de procurarse la “bomba H”.

En este caso, el intento de reanudación de las “conversaciones de los 6” es una alternativa que debe proponerse una vez que esa potencia dé muestras de que está dispuesta a deponer ese desarrollo estratégico. Esta alternativa debe incluir adicionales y más eficientes sanciones del Consejo de Seguridad que se mantengan dentro del rango alto del artículo 41 de la Carta además de lograr una más efectiva participación de China. Esta potencia, a su vez, como principal socio y mentor histórico de la potencia norcoreana, debiera ser capaz de comprometer un superior rol de disuasión y control. Esa responsabilidad sería aquí correspondiente con su requerimiento de mejores términos de interacción económica con Occidente en momentos en que su economía requiere respaldo para una transición apropiada hacia un modelo basado en mayor consumo interno.

Pero en el caso de que la amenaza norcoreana corresponda efectivamente a la detonación de una bomba de hidrógeno, el apercibimiento de la comunidad internacional debe pasar a lo contemplado en el artículo 42 de la Carta (que incluye las medidas “necesarias” si las sanciones de menor intensidad no dan resultados, como sería el caso). El componente de poder coactivo de la respuesta debe ser aquí superior mientras su dimensión diplomática para lograr la renuncia norcoreana al instrumental de hidrógeno y nuclear debe ser condicionada y presentada en términos más severos.

Ello implica la exigencia de una participación china todavía más intensa y decidida en la presión sobre Corea del Norte, la apertura de negociaciones efectivas (ya no sólo de conversaciones) en el mencionado foro de grandes potencias para lograr la neutralización de las nuevas capacidades norcoreanas y una oferta más atractiva de asistencia e inserción económicas a la potencia asiática.

Al respecto, lamentablemente, el patrón de comportamiento norcoreano no es promisorio. En efecto, en el pasado a cada desafío de esa potencia han seguido sanciones, negociaciones de desescalamiento y ofertas de aprovisionamiento y apertura occidentales que luego se han frustrado sólo para ser reemplazadas por un ciclo similar pero con mayor riesgo. Hoy la prueba de un arma de hidrógeno por Corea del Norte quizás deba ser el punto de inflexión que quiebre ese círculo vicioso con una participación más decidida de la comunidad internacional en el aislamiento y presión sobre esa potencia hostil.


La respuesta de la comunidad internacional debe incluir, esta vez más eficientemente, a potencias menores y más lejanas que, como el Perú, encuentran en la proliferación nuclear (y en su escalamiento) una amenaza real (agravada si Corea del Norte aprovecha, por ejemplo, la interlocución diplomática en Lima a cambio de nada). La utilidad de simples pronunciamientos condenatorios desde esta parte del mundo está probando ser insuficiente.

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