• Alejandro Deustua

La FAO y la Seguridad Alimentaria

Aunque la tipología de la convocatoria sugería una reunión de planeamiento burocrático, la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria, Cambio Climático y Bíocombustibles convocada recientemente por la FAO tuvo, como se sabe, carácter de urgencia.

En efecto, las graves consecuencias del incremento del precio de los alimentos congregó en Roma a representantes de 180 Estados que se comprometieron a tomar al respecto medidas de corto y mediano plazo. Si éstas fueron parciales y su diagnóstico pareció incompleto, la reunión de la FAO sí atrajo la atención sobre la urgencia de actuar colectivamente para evitar otro desastre global.

En el corto plazo, se optó por lo evidente: asistencia inmediata para los países más afectados y los denominados países de bajos ingresos. Además de orientada directamente al afectado (la FAO anunció un incremento de donaciones ad hoc de US$ 1200 millones), la asistencia deberá dirigirse al sostenimiento de las economías de esos países con el propósito de asegurar su capacidad importadora.

De manera complementaria se incluyó dos compromisos sustanciales: concluir exitosamente la ronda Doha en el menor plazo para asegurar el libre comercio y adoptar medidas que corrijan eficientemente la “distorsión inusual” de los precios.

Sobre el primer punto, sin embargo, no sólo no se hizo ninguna alusión al serio obstáculo que representan los subsidios a la agricultura en los países desarrollados. Este problema se ha complicado recientemente por la ley agrícola norteamericana (aunque la norma que asigna US$ 300 mil millones en 5 años debe aún ser promulgada) y la tendencia al reforzamiento de la PAC por la Unión Europea. Y sobre el segundo, se evadió por completo cualquier alusión a la distorsión de los precisos generada por la fuerte especulación en los mercados de commodities.

Si ello ocurrió, no fue por ignorancia como es evidente, sino porque hubo oposición a confrontar, en Roma, estos problemas. Aunque lo reguladores norteamericanos opinan que el grado de especulación en el mercado estadounidense no altera sustancialmente la composición del precio, la intuición colectiva es la contraria. Sobre este problema no existe la transparencia que, sin embargo, sí se atribuye a la acción especulativa en tanto ésta contribuiría a reducir el riesgo en las transacciones.

En relación a las negociaciones multilaterales de la OMC, de otro lado, los pronósticos del propio Director General Pascal Lamy no son los más entusiastas (60% de probabilidades de éxito). Si bien el compromiso de Roma llama la atención sobre la necesidad de superar esos inconvenientes, éstos subsisten y, por tanto, la medida de corto plazo, deviene por lo menos en una de largo plazo.

A la luz de la emergencia ello sería inaceptable aunque este tipo de morosidad corresponda al patrón de conducta que se observa en el cumplimiento de compromisos colectivos sobre seguridad alimentaria (la FAO enmarcó la reunión en compromisos anteriores sobre ese tipo de seguridad que no se han cumplido así como en objetivos de cuestionables logros en los países de bajos ingresos –por ejemplo, los Objetivos del Milenio-).

Para el mediano plazo, los participantes se comprometieron a adoptar un conjunto de políticas en el ámbito social (focalización en la gente), en ciencia y tecnología aplicada a la agricultura e incremento de la inversión. Esto último es, desde el punto de vista del interés privado, un lugar común pues el sustancial incremento de la demanda asegura altísimos retornos a la inversión en el sector. Al respecto entendemos que el Estado debe participar más y mejor en este esfuerzo.

Por lo demás, se reclamó acciones correctivas referidas, por ejemplo, a la cancelación de las restricciones a las exportaciones. La responsabilidad de esta medida es principalmente de los alrededor de 40 gobiernos que aplican estos impedimentos. Para estimular su eliminación, parece necesaria la generación de un régimen global de seguridad alimentaria que procure el adecuado aprovisionamiento de los mercados internos cuando los altos precios los desabastecen en beneficio de los mercados externos. Tal régimen debiera establecer, por ejemplo, criterios comunes para desarrollo de stocks.

Finalmente, sobre el acápite de los bíocombustibles hubo ambigüedad total. En un marco de denuncias y contradenuncias (según The Economist la opinión sobre la magnitud de la distorsión de precios atribuibles a los bíocombustibles va desde el 2% -Estados Unidos- hasta el 30% -según ciertos centros de investigación-), se recomendó más estudio para tomar acción.

Dentro de sus insuficiencias, la reunión de la FAO ha despertado la alerta comunitaria sobre el dramatismo que puede adquirir el desgobierno del proceso de globalización y la inadecuación de la oferta a la demanda alimentaria. Si la reunión tuvo éxito o no lo dirán menos los que concurrieron a Roma que los 850 millones de personas afectadas por el incremento de los precios de los alimentos y los Estados directamente responsables por impedir ese desastre.



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