• Alejandro Deustua

Francia y Argentina: Por un Nuevo Orden

Impulsado por la guerra y por elecciones un cambio de orden se ha iniciado en Europa y Suramérica.


El fuerte escalamiento francés del uso de la fuerza contra el Daesh luego del ataque a París abre la puerta a un nuevo balance de poder europeo y norafricano. De la capacidad y voluntad de Francia, de sus aliados y de la eficacia de la seguridad colectiva global y europea para triunfar en el largo plazo depende la estabilidad futura en las costas del Mediterráneo.


De otro lado, la elección de Mauricio Macri en Argentina plantea una mayor convergencia liberal suramericana, la reducción de los espacios autoritarios en el área y la potenciación del conjunto regional. Ello dependerá de la eficacia con que el Estado argentino logre una más fluida inserción internacional y una normal relación con sus vecinos. Pero también de la capacidad del Sr. Macri para establecer los consensos internos necesarios para lograr las reformas estructurales que se propone.


Si la cooperación internacional requerida en ambos casos no se brinda adecuadamente, la transición de Europa y Suramérica hacia un nuevo equilibrio podría ser sometida por los riesgos que implica el cambio de orden.


En el caso de Francia, la cooperación ha empezado a fluir multilateralmente. La ofensiva francesa cuenta ya con el amparo del Consejo de Seguridad de la ONU y de los gobiernos europeos. El Consejo de Seguridad ha llamado a la comunidad internacional a tomar las medidas necesarias para prevenir y suprimir los actos terroristas del Daesh. Ello permitirá a Francia eslabonar la cooperación global con la europea que patrocina el Tratado de Lisboa (art. 42.7).


Mientras los términos de esa asistencia se negocian, la coalición que Francia procura con potencias mayores como Estados Unidos y Rusia adquiere hoy mayor dimensión estratégica. La suma de capacidades resultante parece más que suficiente para aplastar a una organización terrorista que pretende presentarse como un Estado.


Sin embargo, las complicaciones de las alianzas informales que conjugan en el Medio Orienta Estados fallidos, organizaciones terroristas, sectas religiosas y potencias regionales y globales ciertamente no atenúan las divergencias entre los aliados formales en el área. Y éstos no parecen aún dispuestos a comprometer tropas en tierra (rol que prefieren encargar a los vecinos árabes) ni a resolver diferencias latentes (hoy renovadas mediante el derribo de un avión ruso por Turquía).


En tanto estos esfuerzos dependen de compromisos nacionales, los Estados europeos recuperarán autoridad en la Unión Europea como ocurre con las respuestas nacionales al gran problema migratorio. Esta nueva dinámica podría redefinir el orden europeo cuya estabilidad, siendo más interestatal, resultaría en un nuevo balance de poder en el área que interactuaría con el escenario comunitario.


En Suramérica, mientras tanto, la mayor convergencia liberal en la región dependerá del éxito argentino en el ordenamiento y apertura de su economía y de su fortalecimiento institucional. Ello condicionará el éxito de la reaproximación a los países del MERCOSUR y la nueva oportunidad integradora de esa subregión.


Por lo demás, si la convergencia con la Alianza del Pacífico requiere de un MERCUSOR renovado, la disposición argentina a invocar la cláusula democrática en el caso venezolano depende del apoyo que presten los demás países liberales del área a esa iniciativa. Si éstos optaran por la renuencia el repunte liberal en la región puede estancarse.


Si Francia y Argentina tienen éxito la aproximación entre Europa y Suramérica se fortalecerá basada en nuevos fundamentos.


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