• Alejandro Deustua

El Riesgo Norteamericano

El Presidente Obama insiste en felicitarse por haber rebajado en 50% el déficit fiscal desde que asumió el poder en el 2009. Pero haber reducido ese pasivo de insostenibles US$ 1.4 trillones a US$ 744 mil millones (proyectado en el 2014) puede no servir de mucho si no cuenta con un presupuesto operativo, si el conflicto político sobre la materia se convierte en una tradición en la primera potencia y si, como ocurre hoy, la incertidumbre global que ello crea pudiera ser sólo el preámbulo del caos que se desatará el 17 de octubre si el Congreso norteamericano decide que su gobierno deje de pagar su deuda externa (US$16.69 trillones).


Quizás para dar señas de estabilidad en medio de tamaño desorden, el Presidente norteamericano acaba de presentar a la futura presidenta del FED Janet Yellen quien reemplazará al Sr. Ben Bernacke. La Sra. Yellen no sólo se ha desempeñado como vicepresidenta del FED sino como fiel servidora de los fines del banco central norteamericano con una especial preocupación por la situación del empleo.


Ello podría indicar que el ya anunciado ajuste de la política monetaria norteamericana no sólo no se realizará bajo el mandato del Sr. Bernancke (que culmina en enero del próximo año) sino tampoco al inicio de las funciones de la Sra. Yellen.


Aunque esto es pura especulación, el Presidente Obama ha expresado con esta decisión la voluntad de reducir la incertidumbre creada por el entrampamiento político en Washington DC aunque haya sido impulsada por el deseo del Sr. Bernancke de retirarse del FED.


Sin embargo, ello no otorga demasiado oxígeno a una economía global que desmejora en un clima empeorado por el pugilato norteamericano.


En efecto, el FMI acaba de reducir en -0.3% su proyección de crecimiento global de este año (2.9% vs 3.2% en el 2012) y la de Estados Unidos en - ---0.1% (a 1.2% vs. 1.5% en el 2012, con un desempleo revirtiendo la tendencia descendente a 8.1%).


Esa entidad internacional sólo se anima a arriesgar una proyección de mejor perfomance norteamericana en el 2014 sobre la hipótesis de una rápida superación de lo que hoy está en cuestión (el cierre del gobierno federal se resolverá prontamente y el Congreso subirá el techo de la deuda -Duttagupta, Hebling en IMF Survey Magazine).


Por lo demás, las economías emergentes también tienen por qué preocuparse (según el FMI éstas reducen su participación en el PBI global -0.5% a 49.6% invirtiendo una tendencia) sin considerar aún los efectos del riesgo norteamericano. Ello a pesar de que, según el propio FMI éstas seguirá creciendo con alguna consistencia abriéndose paso en el sector externo y consolidando la demanda interna (Duttagupta, Hebling).


Algo similar ocurre con las latinoamericanas (este año crecerán sólo 2.09% (vs 2.7% en el 2012 y -0.3% en relación a la proyección de julio).


A pesar de sus propios deméritos y riesgos, éste no es el caso Suramericano que crecerá este año más que en el 2012 (3.2% vs. 2.6%) y tampoco el del Perú (que, con 5.4%, crecerá menos que el año pasado -6.3%- pero registrará la mejor perfomace regional después del Paraguay (12%).


El problema es que el propio FMI considera que existen riesgos comunes que pueden afectar ese pronóstico como el ajuste norteamericano, la insuficiencia de las reformas europeas, la alta relación entre deuda y producto en economías mayores (Japón, p.e) o el incremento de riesgos geopolíticos. Y existen también unos “riesgos cualitativos” de impacto global entre los que destacan el “secuestro” norteamericano, el cierre (prolongado) del gobierno y la ausencia de incremento del techo de la deuda en Estados Unidos.


Aunque de momento el cierre del gobierno no ha producido grave daño al crecimiento económico, debe entenderse que los cálculos del caso se basan en la primera semana del cierre. Éstos irán escalando conforme pasen los días de la segunda semana y se acerquen al 17 de octubre. Ese día vence el plazo para considerar un alza del techo de la deuda.


Antes que ello ocurra, los daños ya generados por falta de adecuado funcionamiento de servicios públicos, disminución del consumo generado por la suspensión forzada de parte del empleo público y el fuerte incremento de la incertidumbre restará credibilidad a la voluntad norteamericana de cerrar su déficit fiscal y generará dudas sobre su frágil recuperación.


Y la masa crítica acumulada en ese proceso puede incrementar el efecto expansivo de una suspensión de pagos encadenando una venta masiva de papeles del Tesoro, un nuevo derrumbe de los valores de bolsa, el incremento de las tasas de interés, la disminución del crédito, la devaluación del dólar, la apreciación de las demás monedas y una nueva recesión.


Es más, el caos económico puede no ser esta vez el paraíso de los especuladores. Especialmente si el reconocimiento de Estados Unidos como potencia económica termina derrumbándose y con ello, lo que resta de su capacidad de ordenamiento global.


En el proceso Estados Unidos puede perder los últimos privilegios de una potencia que ha contribuido a establecer el sistema económico de la post-guerra, que no tiene sucesor o sucesores claros y que nunca ha generado un default.


Y todo ello se deberá a una discusión ideológica sobre si los norteamericanos pobres merecen o no estar cubiertos por un seguro de salud. Que esto sea una discusión sobre el rol del Estado en el principal mercado capitalista del mundo es mucho decir aún para los liberales extremistas que no recuerdan que es deber del Estado cubrir ciertas tareas económicas en una sociedad moderna cuando el sector privado no puede hacerlo.


Citando a MartinWolf, preferimos creer que, como decía Churchill, Estados Unidos hará lo correcto… después de haber agotado las otras opciones.


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