El Retorno de Chile al Esquema de Integración Andina
- Alejandro Deustua
- 13 jun 2007
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En 1976 Chile se retiró del Acuerdo de Cartagena aduciendo incompatibilidad entre el modelo económico de apertura que establecĆa el gobierno de Pinochet y la disposición andina a mantener el modelo de sustitución de importaciones (las razones polĆticas, aunque evidentes, no se oficializaron) Luego de haber consolidado su modelo económico y su democracia, Chile retornó en setiembre del aƱo pasado a la Comunidad Andina (una cuestionable evolución del Pacto Andino) como miembro asociado. Y ahora, en la cumbre andina de Tarija, Chile estarĆ” representado por su presidenta luego de que las mĆ”s altas instancias de la CAN definieran, en junio, las modalidades de su participación comunitaria.
Esta reincorporación es ciertamente buena para Chile. Ello le permitirĆ” mejorar considerablemente su inserción regional al complementar su asociación con el MERCOSUR con la que ahora perfecciona con la CAN. De esta manera el Ć”mbito plurilateral se le abre en SuramĆ©rica luego de haber completado la red de acuerdos económicos bilaterales con prĆ”cticamente todos los paĆses del Ć”rea.
Por lo demĆ”s, el problema del aislamiento (seƱalado eventualmente como fuerte preocupación por la prensa chilena) queda superado sin perder autonomĆa económica. Ello ocurre en tanto su asociación no reclama los compromisos de la plena membresĆa mientras que mantiene control sobre su relación comercial en tanto los acuerdos de complementación económica de la ALADI, antes que las obligaciones supranacionales que otros sĆ tienen, comandan su vĆnculo con la CAN y el MERCOSUR. A ello se agrega una participación institucional parcial que ahora se le reconoce.
De esta manera, la importancia que Chile otorga a la consolidación de un espacio económico ampliado en la región para una economĆa abierta como la suya se materializa en la realización de un interĆ©s nacional.
Ello es tambiĆ©n bueno para la CAN en tĆ©rminos de mercado (que puede profundizarse y ampliarse si se mejoran los ACE), de integración en otros Ć”mbitos (la fĆsica, la social o la tecnológica) y de cooperación (polĆtica, ambiental, migratoria o de seguridad). Pero esa ganancia comunitaria depende de que Chile se proponga un rol contribuyente a la estabilidad de una subregión intensamente inestable y de que Ć©sta logre avanzar hacia una convergencia económica y polĆtica lamentablemente perdida.
A lo primero podrĆ” contribuir Chile mediante el aporte que pueda realizar una democracia representativa que, sumada a las de PerĆŗ y Colombia, pudiera influir sobre la deriva "refundadora"que atrapa a Bolivia y Ecuador. Ello ocurrirĆ” si Chile estĆ” dispuesto a contribuir a la materialización de algo improbable: contribuir a la revitalización de la "clĆ”usula democrĆ”tica" en la subregión. Ese esfuerzo, sin embargo, no serĆ” posible si las autoridades comunitarias siguen haciendo la apologĆa de la "diversidad" contrariando los tĆ©rminos bĆ”sicos de convergencia polĆtica en un esquema como el que se propuso ser el andino.
Chile tambiĆ©n podrĆ” contribuir a la estabilidad andina si contribuye a activar la red de paĆses que han suscrito acuerdos de libre comercio con Estados Unidos complementado los que se logren con la Unión Europea. La ganancia colectiva en enriquecedora inserción externa se probarĆ” en este punto si Chile se muestra dispuesto a articular el "arco latinoamericano del PacĆfico" que, sobre la base mencionada, tendrĆ” su prueba de fuego en la próxima reunión de la APEC.
Finalmente, la racionalidad polĆtica de la reincorporación de Chile a la CAN se medirĆ” tambiĆ©n en tĆ©rminos de su disposición a solucionar problemas de lĆmites y otros históricos requerimientos con miembros andinos. De poco servirĆ” la participación chilena en la CAN si, a los serios problemas de cohesión que Ć©sta tiene, se aƱaden los de la inflexibilidad frente a reclamos jurĆdica y justicieramente sustentados por paĆses que, ademĆ”s de vecinos, son antiguos socios andinos.
En el campo económico, Chile debiera proponerse mejorar las condiciones de la zona de libre comercio andina y su proyección externa. El avance acĆ” implica la promoción por los andinos del aprovechamiento del mercado chileno y de una disposición de ese paĆs a actuar en los mercados de sus socios promoviendo la participación local en los emprendimientos financieros y respetando mejor los usos y costumbres del medio. Los intentos de lograr posiciones de dominio sectorial sólo agravarĆ”n los niveles de fricción subregional.
En este punto, si Chile suma esfuerzos con PerĆŗ y Colombia ciertamente puede contribuir a lograr la vigencia fĆ”ctica de la economĆa de mercado en la subregión que las polĆticas económicas de Bolivia y Ecuador obstruyen. El obstĆ”culo, sin embargo, serĆ” casi insalvable dadas las caracterĆsticas ideológicas de los gobiernos de los paĆses mencionados. Por tanto, la labor de persuasión de los Estado andinos liberales tendrĆ” que incrementarse si se desea mantener el mercado subregional. Nuevamente acĆ”, el reconocimiento comunitario de una "diversidad económica" que vaya mĆ”s allĆ” de las diferencias de desarrollo de los paĆses miembros serĆ” la piedra de molino que puede hundir el escenario subregional si Ć©sta no es adecuada removida.
Si a pesar de estos requerimientos polĆticos y económicos, Chile se orientara sólo a participar de manera ad hoc y sectorialmente en las Ć”reas en las que puede obtener ventajas nacionales, su participación no sólo no generarĆa utilidad colectiva sino que, a la luz del escueto mercado andino y del peso abrumador de su normativa, podrĆa apresurar otra revisión mĆ”s del pomposamente llamado Sistema Andino de Integración. Convertirlo oficialmente en un espacio económico de integración fĆsica, cooperación ad hoc y libre trĆ”nsito de bienes y servicios serĆa entonces lo mĆ”s conveniente.
Es verdad que Chile, como miembro asociado y no pleno de la CAN, tendrÔ sólo voz en la larga lista de temas de cooperación que han sido señalados por la Decisión correspondiente y que podrÔ participar en las reuniones institucionales de mÔs alto rango sólo cuando corresponda y a su solicitud o a iniciativa de las autoridades andinas. Pero bajo las actuales condiciones de la integración subregional esa limitación es mÔs bien una ventaja. En ese marco Chile debe dar muestras de una participación cooperativa en la que debe empeñar su mejor y mÔs equitativo esfuerzo.



