• Alejandro Deustua

El Peligroso Sr. Trump

Nunca en el siglo XX o comienzos del siglo XXI un candidato norteamericano con alguna posibilidad de ganar la nominación de su partido y la elección presidencial ha constituido un peligro real y anticipado para el conjunto del sistema internacional.


La excepción es Donald Trump que, con cada triunfo en las primarias, incrementa el descrédito de la democracia norteamericana y la preocupación internacional. Esmerado en la destrucción meticulosa de los principios del Partido Republicano, en el mal trato de buena parte de ciudadanos estadounidenses (especialmente de minorías y mujeres) y en una increíblemente irresponsable disposición belicista frente a cada interlocutor externo que, a su juicio, no sea coincidente con su país, el señor Trump ha devenido en el peor riesgo estratégico de la primera potencia.


Desconociendo los límites contemporáneos del ejercicio del poder, este candidato asume disponer de una suerte de carta blanca (o cree que Estados Unidos cuenta efectivamente con ella) para ejercer presión, coerción o violencia de cualquier nivel sobre sus adversarios reales o hipotéticos con plena eficacia e impunidad. Y sin dar cuenta de la muy compleja red de interdependencia económica que su país ha tejido en un par de siglos, potenciada extraordinariamente por vínculos globales ligados a emprendimientos tecnológicos de inmenso impacto, el señor Trump piensa que puede aislar a su país de la noche a la mañana cercenanado vínculos comerciales y financieros sin que ello afecte a sus ciudadanos y al mundo.


Para empezar, ese candidato republicano piensa que puede anular unilateralmente acuerdos de libre comercio con México y Canadá (NAFTA), frustrar el Acuerdo de Asociación Transpacífco (TPP) y reorientar hacia el “comercio justo” flujos establecidos con su segundo socio comercial (China) sin causar impacto estratégico y en el valor que el comercio internacional tiene para Estados Unidos.


La tendencia al aislacionismo comercial que Trump predica no sólo causaría estragos sobre el 30% del PBI norteamericano ligado al comercio exterior, sino en el resto del mundo donde esa potencia sigue siendo el principal exportador si se suman bienes y servicios.


El aislamiento arruinaría la confiabilidad de los Estados Unidos como interlocutor comercial en cualquier negociación futura. Y a la luz de los vínculos entre el comercio y el sistema financiero, la dimensión de esa debacle contribuiría a restar piso a la estabilidad financiera de la primera potencia complicando el rol del dólar (hoy una divisa de refugio) en momentos de fragilidad de la economía mundial. Síntomas de pánico podría presentarse a escala global.


Por lo demás, la desautorización explícita que ya ha recibido el señor Trump de ex - autoridades de los servicios de inteligencia y de las fuerzas armadas de su país muestra la extraordinaria desconfianza con que el aparato de Defensa de la primera potencia percibe la candidatura del señor Trump.


Esa desconfianza se ha expresado hasta ahora en advertencias de que, eventualmente, la fuerza podría no cumplir con eventuales órdenes de un supuesto presidente Trump si éstas implican violación de principios y de normas bien establecidos a lo largo de los años. Para empezar, la afirmación de que eventuales órdenes de tortura (p.e simulación de ahogamiento o “water- boarding”) no serían ejecutadas se ha repetido en más de una ocasión obligando al candidato Trump a cambiar su “oferta” en la materia (recurrir a la tortura porque los jihadistas lo hacen; aniquilar a las familias de los terroristas) y recurrir a la “flexibilización” de las leyes vigentes al respecto.


La resistencia de la instituciones norteamericanas a un eventual comando Trump se complementa ya con expresiones de abierta preocupación y hostilidad de aliados y socios norteamericanos de la mayor importancia (p.e el Ministro de Economía alemán Sigmar Gabriel ha sido explícito en considerar al señor Trump como una amenaza para la paz sin que el gobierno alemán le llame la atención, mientras que los ex -presidentes mexicanos Vicente Fox y Felipe Calderón, tan pro-norteamericanos, han expresado su indignación frente a la exigencia de que el muro que Trump desea construir en la frontera mexicano-norteamericana sea pagado por México).


Por lo demás, este absurdo y peligroso candidato parece creer que puede arriesgar la relación diplomática con México (su tercer socio comercial) sin arruinar la relación de su país con América Latina.


En efecto, si Trump llevara a cabo la bárbara iniciativa de construcción de un muro en la frontera con México y deportara, sin más, a los migrantes ilegales que habitan en Estados Unidos, no sólo arruinaría toda posibilidad de negociación con ese vecino principalísimo sino que los efectos de esa decisión y su fundamento racista se esparciría por el resto de la región como reguero de pólvora.


Sobre el particular debe tenerse en cuenta que si la relación de América Latina con Estados Unidos ha evolucionado hacia el pragmatismo o, en ciertos casos, hacia la filiación liberal, ésta no ha abandonado por completo la sensibilidad a las huellas del intervencionismo y la hegemonía pretéritos en el área. Si hoy esas viejas huellas son manipuladas por los países que militaron en la moribunda ALBA, éstas podrían actualizarse si el trato abusivo de latinoamericanos en Estados Unidos se desborda. Al respecto debe recordarse que prácticamente no hay un solo país latinoamericano que no tenga en la primera potencia un conjunto de ciudadanos residiendo allí sean estos legales (como los del sur) o ilegales formando parte de 55 millones de hispanos (17.5% de la población total de ese país).


Y como si China no fuera el titular de US$ 1.4 trillones de un total de US$ 4.5 trillones de los bonos comprados por extranjeros y Estados Unidos no vendiera a China US$ 141 billones de dólares e importara US$ 439 billones de dólares (USTR, 2013), Trump piensa que, en el marco general de la sustancial erosión global de barreras arancelarias, puede aún colocar, unilateral e impunemente, una tarifa de 45% a las importaciones chinas.


Sin duda que un buen monto de las exportaciones chinas se benefician de subsidio directos o indirectos, de sueldos considerablemente menores a los norteamericanos, de insumos que han sido copiados sin respeto a la propiedad intelectual y de la manipulación del tipo de cambio (algo que está siendo corregido). Pero pensar que este conjunto de problemas (que, por lo demás, afectan al conjunto de socios comerciales de China) pueden ser corregidos unilateralmente y mediante coerción es un disparate que anuncia guerra comercial. Las probabilidades de que en los tiempos actuales ese riesgo puede esparcirse y culminar en enfrentamientos mayores no son todo lo insignificante que se quisiera.


En ese marco, para colmo, el señor Trump exigiría que un aliado fundamental en el noreste asiático (Cora del Sur), hoy comprometido por los desarrollos nucleares y balísticos norcoreanos y la conculcación china de islas cuya soberanía territorial es materia de controversia, pague más por la “protección” norteamericana. Tal parece que el señor Trump no sabe distinguir, ni siquiera en tiempos de crisis, entre aliados vitales que escapan a sus obligaciones militares, del simple subordinado al que se le otorga una “protección” de conveniencia ni del mercenario que alquila sus servicios al mejor postor.


Es más, el delirio del señor Trump lo lleva a creer que seguramente que el complejísimo conflicto sirio podrá resolverse si la primera potencia se decide a ejercer violencia extrema y total en el área sin ninguna consideración por víctimas colaterales, mientras Irak entrega sus pozos petroleros a Estados Unidos para pagar las deudas que, por su liberación, supuestamente tiene ese país.


Es este marco, en el que Trump vería con agrado una sociedad con el señor Putin (y que éste probablemente rechazaría) y en el que los problemas del calentamiento global se plantean como una invención de la comunidad científica, que los Estados Unidos volvería a ser “grande”.


Efectivamente, este candidato no sólo parece incapaz de ejercer sensatamente el gobierno de los Estados Unidos sino que constituye un real peligro global.


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