• Alejandro Deustua

El “Oscuro Horizonte”

15 de julio de 2022


Si el desgobierno en el Perú parece imparable no es extraño que el presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, haya expresado su desazón por el grado de desconfianza ciudadana en las perspectivas de futuro (Gestión). Sin embargo, esa pérdida de voluntad colectiva para sobreponerse a la múltiple disfuncionalidad interna no es atribuible sólo a la falta de disposición de los agentes económicos y políticos locales para procurar, en conjunto, una salida.


En efecto, a la luz de la perspectiva que anuncia el FMI sobre el “oscurecimiento” del panorama internacional y las recomendaciones que emite su directiva para atravesar la tormenta global en marcha, el fortalecimiento del estado de ánimo requerido que reclama esa entidad en base a medidas duras con algunos paliativos, se parece mucho a poner el pecho frente al peligro antes que a detenerlo.


Es que ese peligro parece tan grande como inevitable. Con la perspectiva de una recesión internacional cada vez más más asentada en la desaceleración simultánea de las tres grandes locomotoras económicas internacionales y la incapacidad de las economías emergentes para escapar a la inflación global que erosiona sus respectivas perfomances, la erosión del crecimiento se abate sobre todos.


De momento, la inflación récord de 9.1% en Estados Unidos adelanta la posibilidad, de que, en el corto plazo, el FED incremente hasta en 100 puntos básicos las tasas de interés es ese país. A la búsqueda de un “aterrizaje suave” para los estragos del incremento de los precios, la probabilidad de que se produzca un escenario de estanflación en la mayor economía del mundo y que éste derive en una recesión aguda ya no es baja. Ello a pesar de que la economía norteamericana registra hoy pleno empleo y altas tasas de consumo (aunque los mercados bursátiles ya están cayendo).


Como es lógico, tal contracción monetaria norteamericana a través del incremento de la tasa de interés está fortaleciendo el dólar. Y lo hace en momentos en que la economía de la eurozona se contrae a 2.6% mientras se devalúa el euro ubicándolo a la par que la divisa norteamericana (el euro siempre fue más caro que el dólar desde 1999 cuando la tasa era de 1.18 dólares por euro). Si esa devaluación refleja la debilidad de la economía europea (que padece una inflación de 8.6% ref. junio) también abarca otros costes futuros de la guerra ucraniana: un eventual corte total del flujo del gas ruso, por ejemplo.


Y la economía china, menos golpeada por el efecto bélico, refleja el persistente reflujo del Covid y la rígida política de enclaustramiento impuesta por el gobierno. Ello ha inducido la contracción de la demanda interna reflejada en un crecimiento interanual de apenas 0.4% en el segundo trimestre.


Como es evidente, los países que, como el Perú, se vanagloriaban de lograr crecimientos sostenidos de sus exportaciones de productos básicos confiando a ciegas en el mercado chino, hoy ven cómo se deterioran sus términos de intercambio por esa causa más allá de los propios problemas internos


En ese marco el FMI sugiere medidas restrictivas de carácter monetario y fiscal pero sin sacrificar la atención focalizada de los más afectados por la inflación en los países en desarrollo. A pesar de que el ajuste en ellos ya es muy superior al de los países desarrollados, el FMI sugiere no decaer en el intento porque postergar la restricción sería más costoso en el futuro.


Al respecto sugiere la intervención estatal en los mercados cambiarios y de flujo de capitales para atenuar los daños de la devaluación y de la fuga de divisas. Y también renegociar la deuda en moneda extranjera especialmente en 30 economías emergentes y 60 en desarrollo particularmente “estradas”. Para contribuir a ello el FMI dice disponer de mecanismos de financiamiento de emergencia, líneas de crédito adicionales y de US$ 650 mil millones en Derechos Especiales de Giro.


El FMI hace lo que puede. Pero como quizás ello no sea suficiente, se encomienda que el G20 (cuyos miembros no son todo lo convergentes que la emergencia requiere) coordine las políticas correctas.


La exuberancia bursátil del 2008-2009, la irracionalidad bélica de este año y una pandemia global cuyo origen nacional no se ha reconocido aún nos han llevado a esta situación. Sólo sobre el segundo fenómeno tiene la comunidad internacional real capacidad de influencia. Pero no la está empleando.


Mientras tanto, en el Perú se sigue jugando con fuego.


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