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  • Alejandro Deustua

Cumbre Sin Cima

18 de junio de 2024



La cumbre recientemente realizada en Suiza sobre algunos fundamentos esenciales para procurar una paz “comprehensiva, justa y duradera” entre Ucrania y Rusia pretendió también reducir la escala de destrucción y de crisis global que ha producido la guerra. Pero despertó quizás expectativas excesivas.


En efecto, la indisposición de varios concurrentes a suscribir el documento final ha generado más decepción que la necesaria convicción colectiva para promover un entendimiento definitivo. A pesar de la asistencia de alrededor de 80 estados interesados en el fin de la guerra, los organizadores no evaluaron adecuadamente los intereses y limitaciones de importantes asistentes.


Al respecto no pareció entenderse por anticipado que el foro no podía semejar una negociación de paz por la sencilla razón de que Rusia no fue invitada. Al no convocar al agresor, los organizadores estaban indirectamente confirmando la continuación de la guerra y que la futura negociación debería realizarse sobre la base de una posición de ventaja ucraniana cuya realidad no está a la vista.


Ello fue un error estratégico porque el momentum de la guerra favorece hoy al lado ruso mientras se incrementa la tendencia al escalamiento. A ello ha contribuido la autorización otorgada a Ucrania para el empleo de misiles de largo alcance provistos por socios occidentales para impactar dentro de territorio ruso así como la advertencia de Putin de que la guerra pudiera estar llegando a un punto de no retorno en el que podrían emplearse armas nucleares.


Por lo demás, China (el principal aliado ruso aunque esa potencia insista en su neutralidad) declinó la invitación. Su inasistencia se debió, precisamente, a la decisión de no invitar a Rusia y al temor consecuente de que el foro estuviera extraordinariamente parcializado.


Pero esa potencia no participó sólo por razones de equidistancia. En efecto, siendo hoy la relación sino-rusa estratégica también para China, ésta no deseaba erosionar, según muchos, la relación con el beligerante que constituye una barrera contra la OTAN, un principalísimo proveedor de petróleo, un sustancial comprador de tecnología bélica y un socio sistémico con el que busca un nuevo orden internacional.


De otro lado, algunos jefes de Estado occidentales tampoco concurrieron o no firmaron el documento final. En efecto, el presidente Biden delegó su representación en la vice-presidenta Harris mientras los delegados de los presidentes del Brasil, India y Suráfrica, no firmaron el comunicado final. Al abstener los BRICS, el llamado centro del “sur global” restó sustento al esfuerzo colectivo para lograr un consenso adecuado mientras se reservaban posiciones para una próxima negociación real (Brasil reclama un rol en ella habiendo suscrito con China un documento al respecto e India, como potencia emergente  con relaciones relevantes con Estados Unidos y Rusia, adoptaba similar posición). A ellos se sumaron México y otros influyentes estados del Medio Oriente (Arabia Saudita, Emiratos Árabes) y del Sureste Asiático (Indonesia, Tailandia).


En este marco, los 10 puntos de la propuesta de paz de Ucrania y la maximalista moción rusa simplemente no podían discutirse. La propuesta rusa de la víspera quedó descartada desde un primer momento en tanto suponía la rendición de Ucrania (el retiro de las fuerzas ucranianas de los 4 territorios ocupados por  el enemigo y su desistimiento de incorporación a la OTAN). El maximalismo ruso era también sugerente: Rusia no negociará la paz en condiciones de superioridad no definitiva en el terreno ni mucho menos lo hará en un marco multilateral  ad hoc cuya realización ocurrió, además, inmediatamente después de la cumbre del occidental G7 celebrada en Italia (de cuya versión G8 Rusia ha sido separada).

 

De otro lado, los organizadores, luego de que Estados Unidos formalizaran un compromiso de garantías de seguridad bilaterales con Ucrania e incrementara su multibillonario apoyo económico, redujeron la discusión de la propuesta ucraniana de 10 puntos a 3 para efectos de legitimación y la atracción del “sur global”: se tratarían sólo los acápites correspondientes a la seguridad nuclear (referida al uso de instalaciones especialmente de Zaporizhzhia), la seguridad alimentaria (sobre producción y libre aprovisionamiento a terceros) y al pleno intercambio de prisioneros. Y se reiteró el fundamento general de la negociación: la Carta de la ONU y el principio integridad territorial y soberanía de  los estados. Estos compromisos elementales fueron suscritos por la mayoría (el Perú entre ellos) pero eludidos por los estados mencionados.


Ello no obstante, la realización de estos foros es útil para presionar el más pronto término del conflicto teniendo en cuenta que los intentos negociadores deben ser bilaterales y asistidos por facilitadores capaces. Sobre esto último debe recordarse que negociaciones ruso-ucranianas de múltiples formatos se han llevado a cabo desde antes de 2022 y hoy probablemente continúan.


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