• Alejandro Deustua

Casos Trágicos de Gestión de lo Improbable

El cataclismo que ha padecido Japón y el conflicto en el Norte de África muestran dramáticamente el rol de lo imponderable y la presencia de lo improbable en las relaciones internacionales.


Para mejorar nuestra capacidad de gestión de estos factores en política exterior requerimos menos de alusiones al azar que del incremento sustancial de nuestras capacidades e influencia preventivas. En el caso de la última Resolución del Consejo de Seguridad sobre Libia, ello habría agregado consistencia a la opinión del par de representantes latinoamericanos en esa entidad.


Esa norma merece y requiere el apoyo general por su intención (la protección de los ciudadanos libios y de sus derechos) y por el empeño comunitario en una acción de seguridad colectiva (cese del fuego, solución a la crisis y establecimiento de una zona de exclusión aérea en Libia). Sin embargo, a la luz del escalamiento de la guerra civil en imposición de la fuerza colectiva, la Resolución debió tener un sustento estratégico más preciso (empezando por un comando reconocido), contar con mayor cohesión de los gestores (no la tuvo en la decisión y no la hay en su desordenada implementación) y deslindar con los intereses de ciertas potencias que complican el resultado (el “cambio de régimen”, que puede lograrse por otros medios, no es posición exclusivamente norteamericana). La falta de influencia de los Estados latinoamericanos se expresó en esta materia apenas mediante la abstención de Brasil.


Y si de lo que se trata es de establecer un alto el fuego efectivo y procurar una solución que recoja las legítimas demandas del pueblo libio, la Resolución debió identificar a qué “pueblo libio” se refiere (¿a la oposición multifacética, a las tribus libias, a los rebeldes armados sabe Dios cómo, a los partidarios de Gadafi?), establecer un zona de exclusión de exclusión manejable (la Resolución incluye todo el territorio libio que es 25% más grande que el Perú), precisar los medios (la ONU permite el uso de todas las medidas necesarias lo que incluye la arbitrariedad) y definir a los contribuyentes (cualquiera puede serlo).


La amplitud y la ambigüedad de la Resolución permiten desde el asesinato “involuntario” de Gadafi (una interpretación extrema), el apoyo material a los alzados en armas, la partición del territorio libio, el conflicto por el liderazgo (el de Estados Unidos es circunstancial mientras Francia no quiere a la OTAN y la OTAN no deseaba participar inicialmente) y el uso limitado de la fuerza (como no ocurre hoy alterando el carácter de la seguridad colectiva) sin que ello asegure que se evite la carnicería (no hay tropas de interposición en tierra). Este cuadro de situación, que además alienta a terceros a una guerra internacional (como podría ocurrir con Irán, potencias extraregionales o grupos terroristas organizados), no es el más prudente para lograr una “solución pacífica” instigada por el uso adecuado la fuerza colectiva.


Los latinoamericanos pudieron actuar acá con más eficiencia si, con mayor capacidad e influencia, hubieran podido gestionar mejor lo improbable en su política exterior.


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