• Alejandro Deustua

JPC

Al cabo de una centuria ha fallecido el diplomático multilateral que más influyó en el cambio pleno del sistema internacional de la postguerra.


A la modulación de ese proceso de confrontación bipolar y luego del fracaso del Nuevo Orden Económico Internacional, Javier Pérez de Cuéllar llegó tras imponerse a circunstancias sui generis: la denegación congresal de la representación del Perú en Brasil y su aparición como alternativa al impasse entre dos candidatos en pugna por alcanzar la Secretaría General de la ONU.


El embajador idealista que buscaría la consolidación de la agenda de los derechos humanos recurrió a todos los instrumentos realistas que la negociación permite para atenuar la gravísima confrontación sistémica entre los Estados Unidos (que incrementaba extraordinariamente sus capacidades militares) y la Unión Soviética (que bregaba por impedir la reversión de un ámbito de influencia en cuya construcción se había excedido).


Con la “detente” en añicos, la ONU no tenía mucho que ofrecer como árbitro de un conflicto mayor entre superpotencias. Pero un margen de acción era posible en los escenarios periféricos de confrontación que el Secretario General sí podía atender promoviendo, en el proceso, alguna coordinación entre los representantes de los dos polos.


Sus virtudes personales y los instrumentos de su fuero (su staff y los Cascos Azules que recibieron el Premio Nobel de la Paz) ganaron la confianza de las partes para alcanzar éxitos parciales (en el Mediterráneo y el Medio Oriente) o completos (en África del Sur, Asia Central y Centroamérica).


Con resultados a la vista, su reelección devino en necesidad de los Miembro Permanentes del Consejo de Seguridad desembocando en la mayor eficiencia de la Secretaría, la generación de un clima más adecuado para el diálogo que la apertura de la URSS había propiciado y la reposición de fondos que el Presidente Reagan había cortado.


Embarcado a pleno en la orientación pacífica del extraordinario cambio estratégico en desarrollo, el Secretario General no pudo, sin embargo, influir en los fueros del FMI para minimizar los rigores de la “década perdida” latinoamericana.


Al fin y al cabo el Consejo Económico y Social de la ONU puede realizar estudios y hacer propuestas, pero los órganos de Bretton Woods, que pertenecen al sistema, tienen su propia autonomía. Y la corrección neoliberal, sin oídos para las variantes cepalinas de “ajuste con crecimiento”, alejaron todo planteamiento redistributivo de un “nuevo orden” que sustanció parte de la excesiva política exterior del gobierno militar en los 70.


A pesar de ello, triunfó la descolonización, el apartheid fue derrotado, los problemas globales incrementaron la agenda multilateral, los países de Europa del Este se liberaron y la redefinición de la estructura del sistema internacional se consolidó sin que se librara una guerra total.


Un diplomático peruano, de una generación fenecida y aún sin reemplazo, contribuyó activa, discreta y sabiamente a ese resultado. Es hora de meditar al respecto.


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