• Alejandro Deustua

Árabes y Suramericanos

La relación entre los estados suramericanos y árabes es diplomáticamente menor, económicamente débil y geopolíticamente ligera.


La realidad de exportaciones mutuas que giran en torno del 1% de las totales, de una representación de cuatro o más embajadas concentradas en pocos países y de muy asimétrica capacidad de influencia internacional difícilmente será cambiada por cumbres como ASPA.


Por lo demás, la relación entre las comunidades suramericana y árabe no tiene un carácter civilizacional porque Suramérica no es una civilización. Y su dimensión interregional es cuestionable por la prescindencia latinoamericana mientras que la subregión acompaña el crecimiento con la fragmentación política.


Sin embargo, Suramérica es una de las subregiones más estables del mundo una de cuyas costas se inserta en el potente escenario de la cuenca del Pacífico.


Los países árabes, en cambio, constituyen una civilización organizada en una región a pesar de las marginaciones de Israel e Irán. Sin embargo, su calidad comunitaria es mucho más débil debido a la fragmentación religiosa y política y la intensidad del conflicto multidimensional en un marco de incierta transición democrática.


Siendo su importancia geopolítica central al sistema también puede afectar a cuenca del Pacífico mediante la influencia del extremismo islámico y el precio del petróleo.


Bajo estas condiciones, el “diálogo de civilizaciones” en un contexto inestable está marcado por la débil consistencia de sus interlocutores.


Pero precisamente porque todo está por hacer entre los estados suramericanos y árabes su relación sólo puede orientarse a su incremento. Ambos tipos de estados tienen la oportunidad única de orientar la construcción de sus vínculos mientras que la interdependencia entre sus agentes puede poner un sólido piso a la relación entre Oriente y Occidente. Ese objetivo es vital para todos.


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