• Alejandro Deustua

Silencio de Estado Débil

Como cada uno de los miembros del sistema internacional, el Perú afronta un conjunto de crisis yuxtapuestas. Si bien las más inmediatas y letales son la crisis económica y de salud pública, se han arrastran escenarios de conflictividad tradicional y no tradicional, regímenes internacionales en deterioro, fragmentación parcial de la globalización e integración y crisis de gobernabilidad que agravan el problema.


Al respecto, no sabemos si nuestra Cancillería considera tal complejidad en su rutinario derrotero: inoperativa reincidencia frente a la dictadura venezolana, repatriación de compatriotas varados, intercambios de información sobre el manejo e impacto de la crisis de salud, recepción de donaciones o establecimiento de relaciones con micro Estados en el Pacífico Sur.


Para suplir esa carencia no basta la para-diplomacia que hoy protesta por una candidatura norteamericana al BID contraria al régimen informal que establece que la presidencia de ese organismo corresponde a un miembro no estadounidense del Hemisferio (similar acuerdo anacrónico existe en el FMI y el Banco Mundial, cuyos máximos cargos deben corresponder a un europeo y a un norteamericano, respectivamente).


Y si la promoción de la Convención del Mar es sensata, este asunto hace rato pertenece al ámbito de la acción antes que al de la discusión.


Esa discusión no agrega mucho a fortalecer la capacidad de reacción al cambio sistémico que debemos afrontar sin tener las capacidades para influir unilateralmente.


Por ejemplo, careciendo de una estrategia oceánica debemos confrontar el extraordinario cambio de la cuenca del Pacífico definida hoy por la beligerancia antes que por la integración.


Al respecto no conocemos reacción alguna frente al hecho de que en el centro de ese escenario se encuentre nuestro principal destino de exportación minera cuyo renovado expansionismo abandona la política de “un país, dos sistemas” en Hong Kong, amenaza Taiwán, viola militarmente los derechos marítimos de sus vecinos, pretende controlar estrechos relevantes y renueva el conflicto con la India. De cara ese cambio de balance de poder en la zona, el Perú no se pronuncia sobre su implicancia estructural ni sobre nuestra fuerte dependencia de la potencia expansionista asentada ya en la región.


Menos noticia existe sobre la posición peruana sobre la eventual anexión del territorio ocupado en Cisjordania que terminará con la alternativa de dos Estados en el área desequilibrando más el Medio Oriente e incrementando el riesgo energético y financiero.


Estos problemas se ambientan en un armamentismo incremental correlativo al dinamismo proteccionista. Si no podemos hacer mucho al respecto debemos conocer qué prevenciones adoptamos frente al incremento de compras por Estados medianos (16% en Asia Central, 14% en Europa Central, 8.1% en Centroamérica) para no hablar del conflicto social que la desigualdad genera en el mundo.


Si el Perú desea mostrar que no es un Estado débil, bien puede plantear puntos de vista si intereses primarios plurales son afectados.


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