• Alejandro Deustua

Neo-Intervencionismo y Crisis

Hasta enero del 2020 las principales preocupaciones sistémicas internacionales se subordinaban a la contienda entre China y Estados Unidos y al proteccionismo que la primera potencia expandía.


Declarada la pandemia Covid 19 en marzo de ese año, la respuesta a ese fenómeno transnacional confirmó las implicancias de aquellas preocupaciones: el rol del Estado se intensificó extraordinariamente en todos los países y, antes que la cooperación, la competencia prevaleció entre ellos (p.e. quién produce vacunas y dónde se venden preferencialmente es más evidente hoy que el esfuerzo de Covax).


Es más, si el punto de inicio de esa tendencia puede encontrarse en la crisis financiera de 2008-2009 con los extraordinarios salvatajes del FED y del Banco Central Europeo, hoy las respuestas nacionales a la formidable crisis económica que complementa a la crisis sanitaria parecen más importantes que el financiamiento del FMI y del Banco Mundial.


Al respecto, el Presidente Biden ha definido bien el escenario estratégico que confronta: la adecuada sobrevivencia del “alma” de su Estado depende de la adecuada sobrevivencia de su población. Esta realidad se motiva más en la necesidad que en la opción ideológica: las defunciones Covid en Estados Unidos ya superan a las bajas de ese país en la Segunda Guerra (y pueden incluir a la Primera Guerra). Tal realidad se manifiesta como una “amenaza existencial” y en consecuencia se actúa en el campo económico.


Así, entre las numerosas “órdenes ejecutivas” que ha emprendido, Biden destaca la que propone aprobar un paquete de US$ I.9 millones de millones adicionales a los US$ 900 mil millones de Trump para afrontar la crisis de subsistencia de buena parte de las clases menos favorecidas en la esperanza de que ese estímulo incremente la demanda.


El consecuente aumento de la producción debería concurrir a la reactivación de la economía real y de la industria en particular. En este campo el Sr. Biden ha invocado la Defense Production Act y restaurado el eslogan de “Buy American”.


La implicancia más significativa de ese slogan es la revisión del rubro de compras estatales procurando que el contenido nacional involucre partes sustantivas de origen norteamericano en los bienes importados. Esta decisión impactará negativamente en los acuerdos de libre comercio suscritos por Estados Unidos.


De otro lado, no es seguro que este tipo de medidas concluya cuando acabe la “guerra” porque la recuperación del status norteamericano reconoce que la tendencia a enfatizar el rol del Estado en el mercado ya está arraigada en la UE (el Brexit, la guerra de las vacuna con el Reino Unido) y en Asia (el capitalismo de Estado chino y el intervencionismo estatal en el desarrollo de los demás). Y en América Latina la inversión pública es hoy condición de recuperación.


Por lo demás, el neoliberalismo acaba de ser denostado en Davos (WEF) y el malestar global ya propone economías neo-social demócratas o “verdes e inclusivas” (FMI).


Al respecto la angustia liberal debería mitigarse: al fin y al cabo Smith destacó el rol del Estado en la economía vía la construcción institucional, la seguridad y la inversión pública donde la privada no acceda. El liberalismo tiene muchos matices prácticos aplicables hoy cuando el sistema económico está mutando.



Publicado en Diario Gestión



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